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EL BLOG DEL BCE

Tenemos que estar preparados para emitir un euro digital

Fabio Panetta - miembro del Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo

2 de octubre de 2020

La digitalización está introduciéndose en todos los ámbitos de nuestra vida, en respuesta a una creciente demanda de inmediatez en la forma en que consumimos, trabajamos y nos relacionamos con los demás. Y, en muchos sentidos, está alterando nuestra estructura cultural, social y económica.

La forma en que pagamos no es ninguna excepción: nuestros hábitos están cambiando, y en algunos países, muy rápidamente. Hasta hace poco, el efectivo era el único medio para pagar de forma inmediata, y sigue siendo el método predominante para los pequeños importes. No obstante, la tendencia es hacia los pagos sin efectivo y sin contacto. Cada vez compramos más con tarjetas inteligentes, aplicaciones instaladas en el móvil o incluso el smartwatch.

Por tanto, es inevitable que los bancos centrales de todo el mundo, como guardianes y emisores de su moneda, se pregunten si deben emitir una moneda digital, si deben desarrollar una forma de dinero electrónico que, además de tener curso legal y el mismo grado de confianza, ofrezca todos los beneficios del dinero en su forma tradicional. ¿Deberíamos emitir un euro digital en la zona del euro, además de los billetes? Contamos ya con medios de pago digitales, como las transferencias electrónicas. Y, por supuesto, tenemos dinero físico del banco central, es decir, el efectivo. Lo que no tenemos es una moneda digital emitida por el banco central que podamos usar en nuestra vida diaria. En otras palabras, no disponemos de un equivalente digital de los billetes en euros.

Determinar si necesitamos un euro digital es una cuestión importante y apremiante, que el BCE y los bancos centrales nacionales de la zona del euro están considerando juntos. Hoy publicamos un informe que expone nuestra evaluación sobre las opciones económicas, estratégicas, tecnológicas y sociales que se nos presentan. Su contenido será la base de la consulta pública que iniciaremos el 12 de octubre para conocer los puntos de vista del público y de todos los interesados.

En él se concluye que debemos estar listos para emitir un euro digital si las circunstancias lo requieren, lo que significa que tenemos que empezar a prepararnos. Durante los próximos meses, escucharemos y experimentaremos, a fin de estar en condiciones de tomar una decisión bien fundamentada sobre la posible creación e introducción de un euro digital.

Esta moneda tendría como objetivo proteger el bien público que el euro constituye para todos nosotros: acceso sin coste a un medio de pago sencillo, aceptado universalmente, fiable y libre de riesgo. La necesidad de emitir un euro digital podría surgir en diversos escenarios: por ejemplo en situaciones en las que el público prefiera no pagar en efectivo, o sucesos extremos —como catástrofes naturales o pandemias— en las que otros servicios de pago dejen de funcionar. Un euro digital también nos protegería frente a la eventualidad de que un medio de pago digital público o privado, emitido y controlado desde fuera de la zona del euro, desplazase en gran parte a los medios de pago existentes, lo que podría crear problemas regulatorios, y poner en peligro la estabilidad financiera e incluso nuestra soberanía monetaria y financiera.

Un euro digital sería un complemento del efectivo, no un sustituto. Juntos, ofrecerían al público más opciones y un acceso más fácil a los medios de pago, lo que contribuiría a la inclusión financiera. Un euro digital representaría asimismo la voluntad de Europa de abrazar el cambio y liderarlo, respaldando la digitalización de la economía europea. Fomentaría la innovación en el ámbito de los pagos minoristas, y crearía sinergias con las nuevas soluciones de pago que ciudadanos y empresas necesitan para prosperar en mercados digitales innovadores. Aumentaría el atractivo del euro para los no residentes en la zona del euro y, por tanto, el interés mundial por nuestra moneda y la fortaleza del sistema financiero europeo. Por último, nos permitiría combatir con más eficacia las actividades ilegales, como el blanqueo de capitales y la financiación del terrorismo.

Al mismo tiempo, la introducción de un euro digital presenta distintos retos. Algunos están relacionados con los derechos individuales, como el derecho a la intimidad, y será necesario solventarlos cuando elaboremos los diseños funcionales y tecnológicos. Otros retos son de naturaleza económica. Por ejemplo, hay quien teme que un euro digital pudiera obstaculizar la actividad de los bancos o generar inestabilidad en tiempos de dificultades financieras. No obstante, un euro digital bien diseñado podría tener en cuenta estos riesgos.

Para afrontar estos retos, no podemos olvidar que el valor del dinero —en su forma tradicional y digital— se fundamenta en la confianza de los ciudadanos. La aceptación del público es esencial. Por tanto, queremos escuchar a los ciudadanos y conocer sus necesidades, preferencias y preocupaciones en relación con el euro digital. Los comentarios que recibamos en la consulta pública y el resultado de las conversaciones con los representantes europeos elegidos democráticamente guiarán nuestro trabajo futuro. Experimentaremos sometiendo a prueba opciones concretas, en cooperación con todos los interesados. Y colaboraremos con las instituciones y las autoridades competentes en la evaluación de los requisitos legales económicos y financieros de un euro digital.

El euro ha funcionado bien hasta ahora y es una moneda de la que los europeos se fían. Debemos asegurarnos de que nuestra moneda sea adecuada para el futuro. No podemos quedarnos de brazos cruzados.

Este post se publicó como artículo de opinión el 2 de octubre de 2020 en: Die Welt, Le Figaro, Corriere della Sera, El Mundo, Financieele Dagblad, Kathimerini, Phileleftheros, Le Soir, Die Presse y Politico.eu.