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Los pagos al por menor, en la encrucijada

Discurso pronunciado por Benoît Cœuré, miembro del Comité Ejecutivo del BCE,
en la conferencia conjunta del Banco Central Europeo y la Banque de France titulada «Los pagos al por menor, en la encrucijada: aspectos económicos, estrategias y políticas futuras»,
Paris, 21 de octubre de 2013

Señoras y señores [1]:

Es para mí un gran placer poder presentar en esta conferencia algunas consideraciones preliminares sobre las distintas vías por las que podría discurrir el futuro de los pagos al por menor. En primer lugar, deseo expresar mi agradecimiento a la Banque de France por organizar conjuntamente con el BCE esta conferencia y por prestar su sede para albergarla. Agradezco también a Christian Noyer la inauguración de este acto. Estoy seguro de que serán dos días fructíferos, con valiosos análisis y debates sobre los aspectos económicos, las estrategias y las políticas de los pagos al por menor.

Hace cuatro años, en 2009, el BCE y el De Nederlandsche Bank organizaron la primera conferencia de este tipo [2] con la idea de promover el diálogo entre el mundo académico y los responsables de la formulación de las políticas en lo que respecta a los pagos al por menor. La segunda conferencia se organizó en 2011 conjuntamente con el Oesterreichische Nationalbank [3], y esta que comienza hoy es la tercera de la serie y muestra nuestra voluntad de consolidar los avances logrados y mantener abierto el diálogo.

Antes de la crisis, el negocio de los pagos al por menor apenas recibía atención como fuente importante de ingresos para la banca. Durante la crisis, como se expuso en la conferencia de 2009, esta actividad ha mostrado una notable capacidad de resistencia y ha constituido una fuente fiable y regular de ingresos. Como consecuencia de ello, la constatación de que las entidades de crédito con modelos de financiación más estables estaban mejor posicionadas para hacer frente a la crisis ha llevado en los últimos años a un mayor reconocimiento de la importancia de la banca minorista y de los pagos al por menor.

De hecho, una de las conclusiones extraídas en la conferencia de 2011 fue que los pagos al por menor han adquirido también mayor relevancia social. Dado que tanto empresas como personas físicas precisan un acceso sencillo y barato a servicios básicos de pequeños pagos para desarrollar sus actividades económicas, el perfeccionamiento de estos servicios en un factor clave para la inclusión financiera. Volveré más adelante sobre esta cuestión en la mesa redonda de hoy.

Dicho esto, los costes sociales de los instrumentos de pequeños pagos, incluidos tanto el efectivo como otros instrumentos distintos del efectivo, continúan siendo importantes, como muestra un reciente estudio del BCE. Representan casi un 1 % del PIB en Europa, con notables diferencias entre países [4].

En el título de la conferencia señalamos que los pagos al por menor se hallan en una encrucijada. Esto significa que el camino que sigamos va a afectar profundamente a los aspectos económicos, las estrategias y las políticas en la materia. Las distintas opciones que se perfilan pueden interesar de diferentes maneras a los diversos agentes económicos. Una posibilidad sería mantener la situación actual e introducir únicamente los cambios necesarios para cumplir el marco normativo vigente. Alternativamente, podríamos tomar una vía menos transitada. Podríamos imaginar que aparecen nuevos agentes económicos y que los consumidores comienzan a utilizar aplicaciones y servicios de pago más personalizados, sencillos y seguros a través de los canales de información y consumo que utilizan de modo creciente (y, en algunos casos, exclusivo), como los smartphones e Internet. Los proveedores de servicios de pago podrían adentrarse también en los territorios inexplorados de una mayor integración e innovación en los pagos al por menor.

Me gustaría considerar más detalladamente los distintos caminos que se abren, comenzando con la integración y continuando después con la innovación.

Integración de los pagos al por menor

Sin intención de adelantarme al discurso de Michel Barnier sobre los pagos al por menor y su contribución al mercado único, permítanme decir que la integración de los pagos al por menor en la zona del euro, y en Europa, está avanzando. Aunque queda aún mucho por hacer, dentro de pocas semanas completaremos la migración a los nuevos sistemas europeos para las transferencias y los adeudos directos, lo que representa un importante paso adelante.

En el terreno de las tarjetas, en cambio, los progresos han sido menores y aún estamos lejos del punto de «poder utilizar cualquier tarjeta en cualquier terminal». Para asegurar unas condiciones de igualdad deben desaparecer las fronteras nacionales en la concesión de licencias, la emisión y la adquisición, y debe asegurarse la aplicación sistemática de la separación entre gestión de red y procesamiento. Se espera que la nueva Directiva de Servicios de Pago y el nuevo Reglamento relativo a las tasas de intercambio aplicables a las operaciones de pago con tarjetas introduzcan algunos cambios en esta área [5]. En cuanto a la normalización, pese a algunos avances realizados en los últimos años, son precisas medidas adicionales, como recomienda el Eurosistema.

La cuestión continúa siendo si en el futuro la integración de los pagos al por menor será principalmente un proceso basado en el cumplimiento o bien podrá impulsarse más allá, ampliando el uso de los pagos electrónicos. Actualmente, hay muestras de una convergencia transnacional en la zona del euro, especialmente en las tarjetas, los adeudos directos y las transferencias, y el ritmo de convergencia se ha acelerado claramente en la mayoría de los instrumentos de pago estudiados desde la introducción de la moneda única [6].

No obstante, pese a la convergencia, persisten aún grandes diferencias en las prácticas de pago, empezando por la elección entre los pagos con efectivo o sin él y, en su caso, la elección entre una gama de instrumentos distintos del efectivo. Por ejemplo, la persistencia del uso de cheques en algunos países, aunque en constante declive, muestra que las prácticas de pago evolucionan lentamente. Esto supone también que el efectivo seguirá siendo un medio de pago importante en el futuro próximo. Por ello, el Eurosistema continúa tratando de proteger la integridad de los billetes en euros e ir por delante de los falsificadores, por ejemplo, mediante la introducción de nuestra nueva serie de billetes en euros, denominada Europa.

Promover una mayor integración de los pagos al por menor en Europa se considera económica y socialmente ventajoso, y existe evidencia empírica de que las iniciativas para integrar y armonizar los mercados de pequeños pagos impulsan el comercio y el consumo y benefician al conjunto de la economía [7]. Los datos recogidos entre 1995 y 2009 en relación con veintisiete mercados europeos confirman que el paso a sistemas eficaces de pequeños pagos electrónicos estimula el crecimiento económico general, el consumo y el comercio. Este efecto es especialmente pronunciado en el caso de los pagos con tarjeta, seguidos por las transferencias.

Se espera que una mayor integración de los pagos al por menor aumente la convergencia de precios entre los instrumentos de pequeños pagos distintos del efectivo en la zona del euro, lo que hará más asequibles estos instrumentos y promoverá, por tanto, la inclusión financiera.

La Zona Única de Pagos en Euros ( Single Euro Payments Area, SEPA) desempeña un papel fundamental a este respecto. El BCE publicará esta misma semana el segundo informe sobre la migración a la SEPA, en el que se destacarán los avances realizados y los retos pendientes a medida que nos acercamos al 1 de febrero de 2014, fecha límite para la migración a instrumentos de pago paneuropeos. Como señaló el Consejo de la SEPA en su reunión del 23 de septiembre, los requisitos de migración legalmente establecidos deben cumplirse plenamente, sin excepción. Posteriormente a esa fecha, el BCE establecerá y presidirá la Junta de Pequeños Pagos en Euros ( Euro Retail Payments Board, ERPB), sucesora del Consejo de la SEPA, encargada de favorecer y facilitar la creación de un mercado integrado, competitivo, innovador y con igualdad de condiciones para los pequeños pagos en euros. La aspiración de la Junta es lograr una participación más amplia, un mandato reforzado y un enfoque más orientado a los resultados, para lo cual confío en la participación activa de la Comisión Europea.

En este momento, la inclusión financiera es inferior en los países donde menos se utilizan los instrumentos de pequeños pagos distintos del efectivo [8]. Proporcionar acceso a los servicios financieros a un mayor número de personas, especialmente a las de rentas más bajas, no solo favorece el crecimiento económico, sino que también contribuye a reducir la desigualdad y la pobreza. De este modo, puede ayudar a alcanzar mayor bienestar social. Al mismo tiempo, puede integrar los flujos de pagos que actualmente existen fuera del sistema financiero formal y reforzar la función social de las entidades de crédito, lo cual reviste gran importancia en una Europa que está saliendo de una crisis prolongada que ha sometido a fuertes tensiones su modelo social y que ha destruido la confianza del público en el sector financiero.

En síntesis, creo que hay razones económicas, sociales y políticas de peso para que los proveedores de servicios de pagos al por menor, los usuarios y los reguladores asuman el objetivo de una mayor integración de los pequeños pagos. La reglamentación europea es fundamental para allanar el camino, pero los proveedores y los usuarios disponen de muchas otras vías para aprovechar todas las ventajas.

Innovación en los pagos al por menor

Como he señalado, el comercio electrónico y los nuevos medios de comunicación e información representan nuevos desafíos en lo que se refiere a la funcionalidad y la seguridad de los pagos al por menor y ofrecen también nuevas oportunidades de competir a los proveedores de servicios relacionados con el pago. Estas oportunidades resultan beneficiosas dado que, como sabemos, la competencia es positiva para la actividad económica, ya que proporciona a los usuarios mayores posibilidades de elegir y mejores servicios.

Por desgracia, los distintos agentes del mercado aún no han aprovechado plenamente estas oportunidades. Las soluciones innovadoras en materia de pagos al por menor en la zona del euro siguen siendo ofrecidas fundamentalmente por proveedores de servicios no bancarios, sobre todo en la fase de iniciación del pago. Las entidades de crédito, tradicionales prestadoras de servicios de pago, se encuentran en una encrucijada: pueden tratar de defender sus productos actuales y dejar este segmento de negocio a los proveedores no bancarios, o bien abrirse e innovar más. Si toman el primer camino, corren el riesgo de terminar en la desagradable situación en que se hallan, por ejemplo, las librerías, que se enfrentan al aumento de los competidores en línea. La capacidad de mantener un modelo de negocio diversificado, incluso a través de la banca minorista, será la clave de la rentabilidad y la capacidad de resistencia del sector bancario europeo.

Una razón para adoptar una postura defensiva puede ser que, hasta hace poco, el modelo de negocio de la mayoría de las entidades de crédito se basaba en gran medida en las tasas de intercambio aplicables a las tarjetas. Sin embargo, este modelo es cuestionado cada vez más en algunos países y jurisdicciones. Ya he mencionado la propuesta de Reglamento relativo a las tasas de intercambio aplicables a las tarjetas, que puede servir para salir de la situación de punto muerto no solo en lo que se refiere a las tarjetas, sino también a la innovación. La transparencia y la claridad respecto a los costes y las ventajas reales de las tarjetas y otros instrumentos de pago son vitales para lograr un mercado europeo de pagos al por menor armonizado e innovador.

Otra razón para adoptar una postura defensiva puede ser el problema de coordinación de las entidades de crédito en el seno de sus propias organizaciones. Por una parte, los pagos al por menor suelen contemplarse como un centro de coste, no de beneficios. Por otra, las innovaciones en los pequeños pagos requieren inversiones en tecnología informática, así como la voluntad de cambiar modelos de negocio consolidados y rentables, algo nada fácil en épocas de tensiones financieras.

En último término, los proveedores de servicios de pago innovadores deben tener en cuenta dos cuestiones claves. En primer lugar, estos servicios deben ser seguros y estar protegidos frente al uso indebido. Por ejemplo, es preciso establecer condiciones claras para que los servicios de iniciación de pagos ofrecidos por proveedores terceros puedan tener acceso a los sistemas de banca en línea existentes. En segundo lugar, los servicios innovadores deben tener la posibilidad de convertirse en soluciones paneuropeas. Si no tenemos en cuenta la dimensión europea desde el primer momento, dentro de unos pocos años nos enfrentaremos al problema de tener que fusionar diversas soluciones nacionales en un marco europeo.

He dicho antes que la integración de los pagos al por menor resulta ventajosa. Otro tanto ocurre con la innovación: es socialmente importante promoverla, pues ayudará a reducir los costes y las barreras de entrada y promoverá la inclusión financiera de los sectores infrabancarizados o no bancarizados.

Conclusión

Me he limitado a apuntar algunas cuestiones de gran importancia. Confío en que hoy y mañana podamos analizarlas con mayor profundidad. Entre todos los que estamos aquí, ponentes, expertos, moderadores y participantes en el debate, así como público asistente, reunimos amplios conocimientos y experiencia. Si aprovechamos todo este activo para elegir la dirección futura, estoy seguro de que encontraremos el camino correcto.

Los pagos al por menor han alcanzado un punto decisivo en lo que respecta a la integración y la innovación. Como en el famoso poema de Robert Frost [9], el camino que se siga marcará la diferencia, económica y socialmente.

Muchas gracias por su atención.



[1]Quiero agradecer a Monika Hempel sus aportaciones a estos comentarios. Las opiniones aquí presentadas son responsabilidad exclusiva del autor.

[2]Retail Payments – Integration and Innovation. Conferencia conjunta del BCE y el De Nederlandsche Bank, 25 y 26 de mayo de 2009.

[3]The Future of Retail Payments: Opportunities and Challenges. Conferencia conjunta del BCE y el Oesterreichische Nationalbank, 12 y 13 de mayo de 2011.

[4]Schmiedel, H., Kostova, G. y Ruttenberg, W. «The Social and Private Costs of Retail Payment Instruments – A European Perspective». Occasional Paper nº. 137, BCE, septiembre de 2012.

[5]Propuesta de Directiva de servicios de pago en el mercado interior («DSP2», Comisión Europea / 24 de julio de 2013) y Propuesta de Reglamento relativo a las tasas de intercambio aplicables a las operaciones de pago con tarjeta (Comisión Europea / 24 de julio de 2013).

[6]Véase Martikainen, E., Schmiedel, H. y Takalo, T. «Convergence in European Retail Payments». Occasional Paper nº. 147, BCE, junio de 2013. Se mide la convergencia sigma y la convergencia beta condicionada para efectivo, tarjetas de débito, tarjetas de crédito, adeudos directos, transferencias, cheques y dinero electrónico en los veintisiete Estados miembros de la UE en el período 1995-2011.

[7]Hasan, I., De Renzis, T. y Schmiedel, H. «Retail Payments and the Real Economy». Working Paper nº. 1572, BCE, agosto de 2013.

[8]En torno a 58 millones de consumidores de más de 15 años de edad carecen de cuentas de pago en la UE. El porcentaje más alto de consumidores sin cuentas de pago se registra en RO, BG, PL e IT. (Fuente: Measuring Financial Inclusion, The Global Findex Database, Banco Mundial, abril de 2012). Los mayores porcentajes de pagos en efectivo respecto al número de pagos en cada país se observan en GR, BG, RO e IT (Fuente: Schmiedel, H., Kostova, G. y Ruttenberg, W. «The Social and Private Costs of Retail Payment Instruments – A European Perspective». Occasional Paper nº. 137, BCE, septiembre de 2012).

[9]Robert Frost (1874-1963): «The Road Not Taken».

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