¿Qué dirán los futuros historiadores acerca de nuestra respuesta a esta crisis?

Discurso pronunciado por José Manuel González-Páramo, miembro del Comité Ejecutivo del BCE,
Banco de España, presentación del libro:
Un Siglo de Historia del Sistema Financiero Español
Madrid, 10 de junio de 2011

Señoras y señores:

Debo comenzar diciendo que es para mí un gran placer tener la oportunidad de hablar hoy en el Banco de España acerca del sector financiero español.

El libro presentado hoy recoge un conjunto de excelentes ensayos que ofrecen una información muy completa sobre la historia del sector financiero español durante el siglo pasado; en él se recogen datos esenciales y se ofrece además un análisis muy profundo. Sin duda, se convertirá en el texto de referencia sobre el sector financiero de nuestro país del siglo XX. Permítanme felicitar a los autores y a sus editores, José Luis Malo de Molina y Pablo Martín Aceña, por su excelente trabajo.

Leyendo sus páginas, especialmente el capítulo de Raimundo Poveda, pueden establecerse paralelismos interesantes entre la crisis actual y la crisis bancaria de finales de los años setenta y principios de los ochenta. En particular, teniendo en cuenta las circunstancias actuales, el mensaje principal que quisiera enfatizar hoy es que los cambios fundamentales realizados en el sector bancario a raíz de los períodos de crisis resultan esenciales para asegurar su fortaleza en el futuro. Por tanto, la aplicación de las reformas y cambios necesarios en el sector bancario —referidos tanto a las prácticas y los estándares del negocio, como a la regulación y a la supervisión— son hoy imprescindibles para reforzar sus fundamentos y mejorar su capacidad para contribuir a la consecución de un crecimiento económico sostenible.

Puesto que dispongo de un tiempo relativamente limitado para mi intervención, desearía centrarme en algunos de los principales cambios estructurales introducidos en el sector bancario español en los veinte últimos años que se describen y analizan en el libro. Además, quisiera resaltar cómo la regulación adoptada por el Banco de España durante los años de bonanza ha contribuido a prevenir y aliviar los efectos negativos de la crisis y, especialmente, cómo las reformas y cambios estructurales que se están considerando en la actualidad podrían reducir sustancialmente algunas de las vulnerabilidades existentes. Si se implementan con urgencia y vigor, ayudarán a fortalecer el sector bancario, lo que tendría en última instancia implicaciones positivas para la estabilidad financiera y el crecimiento económico en España.

Algunas reflexiones sobre la evolución de la banca en las dos últimas décadas

Desde mi punto de vista, el sector bancario español ha experimentado dos cambios estructurales fundamentales desde los años noventa: la liberalización de la banca y la innovación financiera.

La liberalización bancaria ha generado un notable incremento de la competencia entre entidades y de la integración financiera. Por ejemplo, la liberalización ha llevado a las cajas a iniciar una competencia geográfica y en distintos segmentos de actividad, y también se ha visto en estos veinte años una fuerte competencia por depósitos bancarios (como la «guerra del pasivo» de finales de los ochenta). Aunque la competencia bancaria –cuando está basada en la fortaleza del balance y el modelo de negocio– tiene efectos muy positivos para la economía real y para el bienestar económico y, aunque es indudable que la liberalización del sector bancario en España ha resultado muy beneficiosa para el país, también es importante señalar, como se hace en algunos capítulos del libro, que una competencia excesiva podría incrementar significativamente la asunción del riesgo bancario y debilitar los márgenes, lo que podría repercutir negativamente en la estabilidad financiera [1]. La fortísima competencia por depósitos bancarios observada recientemente constituye un ejemplo elocuente a este respecto.

Otro aspecto relevante de la liberalización de la actividad bancaria ha sido la internacionalización del sector, muy bien explicada en el libro. Quisiera referirme especialmente a dos aspectos: i) la expansión internacional de los bancos españoles —principalmente del Santander y del BBVA—, y 2) la significativa dependencia de financiación extranjera (sobre todo a través de los mercados internacionales mayoristas), especialmente tras la introducción del euro [2].

Es una obviedad afirmar que la expansión internacional, cuando se hace bien –esto es, con objetivos claros a largo plazo y una adecuada valoración del riesgo– rinde beneficios en términos de diversificación geográfica, que han quedado patentes durante la crisis actual. Al mismo tiempo, sin embargo, la dependencia de la financiación extranjera, tal como la crisis ha mostrado, puede generar vulnerabilidades en caso de que las fuentes de dicha financiación disminuyan [3]. En anteriores crisis bancarias, las entidades sufrían por lo general retiradas masivas de depósitos minoristas, mientras que en la actualidad son retiradas de financiación de los mercados internacionales de capital [4]. Por tanto, la diversificación de las fuentes de liquidez debe ser también un objetivo para la banca.

El otro aspecto característico de las dos últimas décadas ha sido el incremento de la innovación financiera, fundamentalmente en la titulización y la financiación basada en el mercado.

La titulización puede tener muchas dimensiones positivas, como por ejemplo, el incremento del suministro de crédito al sector privado debido al aumento de la liquidez bancaria. Algunos segmentos cruciales de la economía, como las pequeñas y medianas empresas, pueden también beneficiarse significativamente del desarrollo de la titulización. Al mismo tiempo, investigaciones recientes y la evidencia acumulada durante la crisis permiten constatar cómo la titulización podría relajar en exceso los criterios de concesión de crédito de las entidades, lo que, en última instancia, tiene efectos negativos para la estabilidad financiera [5]. Una vez que la entidad de crédito tituliza un préstamo que ha concedido, disminuyen sus incentivos para vigilarlo. Además, en períodos de intensa titulización, en los que el banco sabe que los nuevos préstamos pueden ser titulizados —lo que en algunos países, puede significar que el riesgo será asumido en su totalidad por inversores externos al banco— los incentivos ex-ante para analizar los riesgos se pueden reducir notablemente.

Todos estos cambios en el sector bancario tuvieron lugar en un entorno macroeconómico aparentemente benigno, pero potencialmente peligroso: la llamada «Gran Moderación». Indudablemente, el largo período de altas tasas de crecimiento económico, poca volatilidad y tipos más bajos de interés a corto y a largo plazo contribuyeron a unos años muy buenos para la banca. No obstante, fue en estos buenos tiempos en los que un riesgo excesivo se fue acumulando [6]. Asimismo, también es importante subrayar algunas vulnerabilidades macroeconómicas durante el período de bonanza: por ejemplo, el déficit por cuenta corriente y la participación directa de la actividad económica del sector inmobiliario representaron aproximadamente un 10% del PIB en 2006.

Todos estos elementos contribuyeron al crecimiento extraordinario del crédito en todos los sectores de la economía española, notablemente en el sector inmobiliario. Permítanme recordar que el Banco de España reaccionó con gran acierto: particularmente con la introducción del estricto sistema de regulación de las entidades de propósito especial (SPV), que restringió sustancialmente el arbitraje del capital regulatorio, y también de las provisiones dinámicas, que posiblemente redujeron los altísimos niveles de oferta de crédito durante los años de bonanza. Sin estas medidas, el boom del crédito podría haber sido aún mayor [7]. Además, durante la crisis actual, las provisiones han demostrado ser vitales para permitir a los bancos mantener la disponibilidad de crédito.

La crisis y los cambios necesarios en la banca

La prolongada crisis en la que nos encontramos ha puesto de relieve las fragilidades tanto del lado del pasivo como del activo, de las entidades, así como el papel de la estrecha interconexión del sector financiero mundial. Era por tanto necesario ajustar y redefinir en el sector bancario el capital, la transparencia, la financiación, la gestión de riesgos, el gobierno corporativo, la supervisión micro y, especialmente, macro de las entidades de crédito, además de su regulación.

Quisiera comenzar por las vulnerabilidades del lado del pasivo de las entidades de crédito. Desde agosto de 2007 hemos experimentado una notable escasez de la liquidez en los mercados financieros. Como he dicho antes, en el período anterior a la crisis, las entidades españolas tenían una elevada dependencia de los mercados de financiación mayoristas, por lo que el sector bancario español, en general, ha sufrido los efectos de la iliquidez y algunas entidades se han visto significativamente afectadas debido a su fuerte dependencia de estos mercados.

No obstante, la liquidez bancaria también depende de forma crucial del capital bancario y, por consiguiente, las entidades con balances más saneados sufren una falta de liquidez considerablemente menor [8]. La liquidez suministrada por el Eurosistema ha sido fundamental para minimizar la escasez de liquidez, pero el capital bancario debe reforzarse para que la financiación privada llegue a todos los bancos con normalidad.

Otro elemento importante ha sido la fragilidad de los activos, ya que durante los años de bonanza se concedieron grandes volúmenes de crédito (y riesgo). Algunas entidades asumieron más riesgos que otras durante la burbuja inmobiliaria, y algunas registraron beneficios considerablemente menores y pérdidas (reales y potenciales) mucho más elevadas durante la reciente crisis. Por ello, el capital bancario experimentó un fuerte descenso, especialmente acusado en el caso de algunos grupos de cajas, cuya estructura específica, no les permite, además, captar capital con facilidad.

La disponibilidad de capital bancario es crucial por otras dos razones:

En primer lugar, una escasez de capital bancario puede conllevar una contracción del crédito. Así, para prestar apoyo a la recuperación de la economía real, es necesario recapitalizar algunas entidades débiles. Por ello, las recientes modificaciones de la regulación del capital en España tienen una importancia crucial [9].

Sin embargo, los activos bancarios han sido relativamente opacos, lo que, combinado con el elevado apalancamiento, dificulta la recapitalización en los mercados privados, especialmente en períodos de crisis [10]. Por tanto, para minimizar estos problemas, es de suma importancia que haya una elevada transparencia: las pruebas de resistencia y las publicaciones del Banco de España sobre las variables bancarias fundamentales son, por tanto, indispensables. Si, después de estos ejercicios dirigidos a impulsar la transparencia, un pequeño grupo de entidades sigue sin poder cumplir las exigencias de capital, la única solución es la reestructuración.

Las entidades de crédito continúan teniendo una exposición excesiva a los activos inmobiliarios en sus balances y, por tanto, los nuevos límites introducidos por el Banco de España van en la buena dirección. La diversificación geográfica (en particular, la internacionalización de algunas entidades) y una mejora de la gestión del riesgo son, a mi parecer, factores clave para hacer frente a los retos actuales. Además, el refuerzo de la gobernanza corporativa también es esencial para evitar una asunción de riesgos excesiva. Dicho de otra forma, la transparencia y la gestión del riesgo son importantes, como he dicho, ¡pero también los incentivos! En este sentido, la reestructuración de algunos grupos de entidades puede ser vital [11].

En segundo lugar, mirando al futuro, cuando la crisis se haya superado del todo, el aumento de las exigencias de capital bancario desempeñará también un papel muy positivo reduciendo los incentivos para la asunción excesiva de riesgo por parte de las entidades [12]. En este contexto, deben verse con satisfacción los cambios introducidos en la regulación y la supervisión bancaria mundial y de la UE, basados en criterios tanto micro como macro prudenciales: por ejemplo, la aplicación del marco de regulación de Basilea III (que requiere un aumento del nivel y de la calidad del capital, “colchones” de capital contracíclicos, ratios de liquidez, etc.), y el establecimiento de la Junta Europea de Riesgo Sistémico en la Unión Europea.

Conclusiones

Los cambios y las reformas en el sector bancario tras la crisis actual —a nivel nacional, de la UE y mundial— pueden fortalecer el sistema bancario español y ofrecer, a su vez, un respaldo duradero para la economía real, al igual que ocurrió tras la crisis de los años setenta y ochenta. Los cambios en el modelo de negocio y la reestructuración de algunas entidades, el aumento de la ratio y de la calidad del capital, la mejora de la gestión del riesgo, de la transparencia y del gobierno corporativo, y los cambios en la regulación y la supervisión bancaria contribuirán, sin duda, a un crecimiento económico sostenible.

No obstante, todos estos cambios en el sector bancario son condición necesaria pero no suficiente para una mejora sustantiva y cualitativa de la economía española, especialmente para lograr una reducción sustancial del desempleo y un incremento de la productividad. Para alcanzar estos objetivos es también imprescindible seguir progresando en los siguientes ámbitos:

  • el saneamiento de las finanzas públicas, también para reducir efectos posibles de contagio de la crisis de la deuda soberana al sector bancario;

  • la liberalización de los mercados de productos y de factores, especialmente el mercado de trabajo con respecto a la «negociación colectiva», pues de poco servirán las reformas sin un mercado de trabajo más flexible, descentralizado y capaz de ajustarse a las perturbaciones por vías distintas del desempleo masivo;

  • la mejora del sistema educativo a todos los niveles, que es esencial para el incremento de la productividad a medio plazo y, en consecuencia, del bienestar.

Confío sinceramente en que cuando los futuros historiadores analicen este período dentro de cincuenta o cien años, concluyan que las reformas adoptadas desde el principio de la crisis en el sector bancario y en otros sectores clave de la economía española fueron las adecuadas y, sobre todo, contribuyeron a superar la crisis y a la mejora sostenible del bienestar de los ciudadanos de España.

Referencias

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[1]Véase también Stiglitz et al (2000); Matutes y Vives (2000), y Martínez-Miera y Repullo (2010).

[2]Véase Kalemli-Ozcan, Pappaioannou y Peydró (2010).

[3]Véase Allen y Gale (2000).

[4]Véase Brunnermeier y Petersen (2009).

[5]Véase Mian y Sufi (2009); Maddaloni y Peydró (2011); Jiménez, Mian, Peydró y Sufi (2011), Altunbas, Marqués y Gambacorta (2010).

[6]Véase Pérez Quirós (2000); Adrian y Shin (2009); Allen y Rogoff (2011); Rajan y Diamond (2009); Jiménez et al. (2011); Jiménez y Saurina (2006).

[7]Véase Jiménez, Ongena, Peydró y Saurina (2011).

[8]Véase Iyer y Peydró (2011) y Rochet y Vives (2004).

[9]Véase Jiménez, Ongena, Peydró y Saurina (próxima publicación).

[10]Véase Morgan (2002).

[11]Véase Cuñat y Garicano (2010).

[12]Véase Freixas y Rochet (1997) y Acharya y Richardson (2009).

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