La banca hacia el “nuevo normal”: Algunas reflexiones

Discurso pronunciado por José Manuel González-Páramo, miembro del Comité Ejecutivo del BCE,
“Jornada de la Banca’’ organizada por el Centro del Sector Financiero de PwC y IE Business School,
Madrid, 27 de enero de 2011

Señoras y señores:

I. Introducción

Es un privilegio para mí participar en esta jornada, dedicada a la importantísima cuestión de los retos y oportunidades que el sector bancario tendrá ante sí una vez que haya finalizado su actual proceso de reestructuración y comience a aplicarse el nuevo marco de regulación y de supervisión. “Y ahora, ¿qué?”, se preguntan –nos preguntan- los organizadores. Ahora, se podría responder, el “nuevo normal”. Una respuesta simple, cargada de exigencias bien complejas. Por eso es conveniente comenzar mirando de reojo al pasado reciente.

La prolongada crisis financiera que vivimos desde 2007 ha desvelado importantes elementos de vulnerabilidad en el sistema financiero. Y entre ellos, en primer lugar, tenemos las debilidades del marco de regulación y de supervisión del sector bancario, que no han permitido garantizar la seguridad y la solvencia de las instituciones financieras, tanto a escala individual como sistémica. Esta situación ha impulsado a las autoridades competentes a acometer diversas reformas del marco de supervisión y regulación microprudencial, y a asignar al mismo tiempo a los bancos centrales de todo el mundo funciones macroprudenciales en reconocimiento de la importancia del componente sistémico de la estabilidad financiera.

Por otra parte, la crisis ha mostrado que la relación entre el desarrollo financiero y el crecimiento económico no es realmente lineal y que, cuando los sectores financieros son «demasiado grandes» en relación con el tamaño de sus economías nacionales, pueden surgir riesgos para la estabilidad financiera y la estabilidad macroeconómica. Asimismo, la crisis ha socavado la sostenibilidad de algunos modelos de negocio que estaban bastante extendidos entre los grandes bancos internacionales, al tiempo que ha hecho aflorar las deficiencias de la gobernanza corporativa y de la evaluación y gestión de las distintas fuentes de riesgo en las instituciones financieras.

Sin duda, hay muchas otras lecciones que podemos extraer de la crisis, pero debido a la limitación de tiempo, el resto de mi intervención se centrará en algunos de los aspectos principales de los cambios regulatorios, así como en unas breves reflexiones sobre el tamaño de los sectores bancarios, los modelos de negocio bancario y la gobernanza corporativa. Concluiré con una referencia al nuevo papel de los bancos centrales en la supervisión macroprudencial. Permítanme primero unas palabras para describir cómo la crisis ha afectado al entorno macroeconómico y financiero en el que operan los bancos.

II. Hacia un nuevo paradigma económico y financiero: El “nuevo normal”

Tras la crisis, es muy probable que muchos elementos básicos de nuestras economías y nuestros sistemas financieros actúen de forma diferente que en el pasado, como consecuencia de los procesos de ajuste de comportamiento y de las reformas que están produciéndose actualmente. En términos más generales, la evidencia empírica muestra que las crisis bancarias sistémicas suelen afectar a la estructura y a la dinámica de los sistemas económicos durante períodos muy prolongados. [1]

Antes de aventurarnos en el futuro, desearía recordar los principales elementos del paradigma económico y financiero de la pre-crisis, esto es, del “antiguo normal”:

  • Volatilidad macroeconómica reducida. Antes del empeoramiento de la crisis en octubre de 2008, nuestras economías experimentaron dos décadas de volatilidad macroeconómica significativamente reducida. Distintos estudios empíricos documentaron un notable descenso en la variabilidad del crecimiento económico y de la inflación en casi todas las grandes economías industrializadas. El debate entre los economistas monetarios se concentraba en ese momento en cuál era la fuente predominante de la «Gran Moderación» de entre los tres candidatos principales: 1) mejores políticas macroeconómicas, 2) cambios estructurales en las economías y 3) perturbaciones menos dañinas («buena suerte»). Mientras las explicaciones alternativas podrían en teoría tener diversas consecuencias para la sostenibilidad del descenso de la volatilidad macroeconómica, pocas dudas se expresaron, en general, acerca de la estabilidad del nuevo estado del mundo: la «Gran Moderación» había llegado para quedarse.

  • Crecimiento económico sostenido. El descenso de la volatilidad macroeconómica estuvo también acompañado por una mejora sustancial del dinamismo de la economía, puesto que los agentes pudieron obtener los dividendos de la estabilidad de precios sostenida y de la baja incertidumbre acerca de la actividad macroeconómica. El crecimiento potencial aumentó en la mayoría de los países desarrollados, permitiendo a sus ciudadanos beneficiarse de períodos prolongados de expansión económica, solo interrumpidos en raras ocasiones por recesiones relativamente moderadas.

  • Fuerte dinamismo del precio de la vivienda. El crecimiento económico sostenido, respaldado por tipos de interés bajos y estables, contribuyó a mejorar las expectativas sobre los precios de los activos, en particular sobre los de la vivienda. Las expectativas optimistas acerca de los mercados de la vivienda en un tiempo de: a) creciente desregulación y liberalización de los sectores bancario y financiero, b) rápida innovación financiera y c) globalización progresiva de los mercados financieros condujo a una rápida apreciación de los precios de la vivienda, facilitada por un endeudamiento excesivo de los hogares en algunos países. El aumento de este endeudamiento y la inflación del precio de la vivienda fueron especialmente acusados en aquellos países en los que el descenso de los tipos de interés nominales como resultado de la transición a un régimen de estabilidad de precios había sido más pronunciado.

  • Aumento de la rentabilidad en el sector financiero en un tiempo de primas de riesgo históricamente bajas. En los años anteriores a la crisis, la rentabilidad de los bancos y de otras instituciones financieras mejoró sensiblemente como resultado de las favorables condiciones económicas y financieras. Al mismo tiempo, se hizo notar que la mejora de la rentabilidad se había producido en un contexto de: a) una volatilidad excepcionalmente moderada en los mercados financieros, b) primas de riesgo situadas en niveles históricamente bajos, c) valoraciones muy elevadas de los precios de los activos y d) regulación y supervisión relativamente laxas en muchos países. Además, la mejora de las posiciones financieras de los bancos se había producido en un entorno caracterizado por la abundancia de liquidez en distintos mercados financieros del mundo, en los que prácticamente no se valoraba el riesgo de liquidez.

Puesto que la crisis sigue aún activa, no podemos determinar con certeza cómo funcionarán nuestros sistemas económicos y financieros en el futuro. No obstante, podemos esperar con bastante seguridad que muchos de los elementos del viejo paradigma dejarán de ser válidos, lo que dará lugar a un “nuevo normal” económico y financiero post-crisis. Algunos de sus elementos fundamentales, que pueden bosquejarse sobre la base de experiencias previas de crisis bancarias sistémicas, son los siguientes:

  • Mayor volatilidad macroeconómica y menor crecimiento potencial

  • Períodos prolongados de ajuste en los mercados de la vivienda y el sector de la construcción

  • Alza de los precios del riesgo de crédito y de liquidez

  • Regulación más estricta a fin de incrementar la fortaleza del sector financiero, si bien, probablemente, a costa de un cierto aumento del coste de la intermediación financiera

  • Evolución del papel de los bancos centrales (refuerzo de las políticas orientadas a «intervenir en contra de la tendencia» y de la asignación de objetivos macroprudenciales)

Los cambios en el contexto macroeconómico, en el marco de regulación y supervisión y en la estructura del sector podrían tener consecuencias muy relevantes en el funcionamiento del sector financiero en el futuro. Permítanme elaborar brevemente sobre algunas de ellas a continuación.

III. El sector bancario tras la crisis

Una consecuencia importante de la crisis financiera es la significativa transformación que está teniendo lugar en el sector bancario de la UE. La revisión global de la regulación y la supervisión bancaria resultante de la crisis, el exigente entorno macroeconómico y el desapalancamiento y la reestructuración bancaria en algunos países son factores clave que están configurando el futuro de la banca, tanto a corto como a medio plazo.

En el contexto de las lecciones aprendidas de la crisis y de las reformas reguladoras, el resto de mi intervención se centrará en algunos de los aspectos principales de esta reforma y en la evolución del tamaño de los sectores bancarios, los modelos de negocio bancario y la gobernanza corporativa. Concluiré con una reflexión sobre el papel de los bancos centrales en el nuevo marco de supervisión macroprudencial.

III.1 Marco de regulación y supervisión

La crisis ha puesto de manifiesto serias lagunas del marco de regulación y supervisión de las instituciones financieras en lo que se refiere a las normas prudenciales sobre capital y liquidez. Algunas entidades sistémicamente importantes que parecían tener una posición financiera sólida antes de la crisis demostraron no tener la fortaleza suficiente para resistir las perturbaciones que han afectado al sistema financiero en los últimos tres años y medio. En consecuencia, los gobiernos y los bancos centrales tuvieron que prestar un apoyo sin precedentes y, paralelamente, se han adoptado también distintas medidas que han supuesto una profunda revisión del marco de regulación y supervisión.

Un elemento fundamental de la reforma regulatoria fue la revisión completa de Basilea II, conocida hoy como Basilea III, acordada recientemente por los miembros del Comité de Basilea y que ha recibido la aprobación del Grupo de Gobernadores de Bancos Centrales y Jefes de Supervisión. Los elementos básicos del nuevo marco incluyen:

  1. una nueva definición de capital regulatorio, que mejorará tanto la calidad como la consistencia de la base de capital,

  2. la introducción de un colchón de conservación del capital que constituirá un nivel adicional de protección para los bancos, especialmente en períodos de crecimiento excesivo del crédito,

  3. el refuerzo de la cobertura del riesgo del marco de capital que representará una revisión de las normas prudenciales sobre titulización y cartera de negociación, y del marco de riesgo de crédito de contraparte,

  4. la introducción prevista de una ratio de apalancamiento no basada en el riesgo que servirá como medida complementaria a los requisitos basados en el riesgo a fin de contener un apalancamiento excesivo y revisar los modelos de riesgos asociados con el marco de capital basado en el riesgo, y

  5. la elaboración de un marco de riesgo de liquidez con el objeto de mejorar la resistencia de los bancos a las perturbaciones de liquidez.

Las nuevas medidas se introducirán a lo largo de un período transitorio de ocho años, y han sido calibradas con el doble objetivo de evitar consecuencias importantes para el sistema bancario nacional y de respaldar la recuperación económica. [2]

III.2 ¿Un sector financiero «demasiado grande»?

En cuanto a la evolución del sector bancario, permítanme recordar que el tamaño de los sistemas financieros aumentó enormemente durante las pasadas décadas, tanto en Europa como en EE UU. [3] Para juzgar si el sector financiero se ha hecho «demasiado grande», una pregunta crucial es si la expansión de las finanzas anterior a la crisis, se debió en gran medida a los fundamentos económicos.

Por una parte, resulta claro que este proceso estuvo impulsado por un rápido crecimiento y acumulación de ahorro en los mercados emergentes. Por otra, los países desarrollados experimentaron una rápida innovación en el ámbito de los productos financieros, que permitió una canalización más eficiente del ahorro nacional y mundial hacia inversiones productivas. A este respecto, la evolución más llamativa fue la de los seguros de riesgo de crédito (CDS) y la de los productos titulizados. Esta expansión de la innovación financiera podría haber llevado a su vez a una asignación ineficiente de los recursos, a una asunción excesiva de riesgo y a un sobreapalancamiento del sistema. Como ejemplos, cabe citar la expansión del mercado de hipotecas subprime en EE UU y del sistema bancario en la sombra.

Igualmente, aunque siempre hemos sabido que la innovación financiera puede contribuir a mejorar la diversificación de riesgo, es evidente que los instrumentos financieros innovadores tienen también el potencial de socavar la estabilidad financiera. Por ejemplo, la complejidad de los nuevos instrumentos podría generar una asignación ineficiente de capital y riesgo entre los participantes en el mercado. A este respecto, la crisis ha revelado las fragilidades del proceso de titulización, como son el desajuste de incentivos entre participantes en la originación y la distribución, la falta de transparencia respecto a los riesgos que subyacen en los productos titulizados y la gestión inadecuada de los riesgos asociados a la actividad de titulización. En este momento, es obvio para todos que las deficiencias del modelo de negocio basado en «originar para distribuir» contribuyeron a empeorar la calidad de los préstamos. [4]

La experiencia de la crisis sugiere asimismo que la mayoría de los inversores infravaloraron enormemente los riesgos de los instrumentos financieros más complejos. Precisamente por este motivo, existe una creciente demanda de transparencia tanto de los riesgos de los instrumentos como de las exposiciones de las instituciones frente a distintos instrumentos, mercados y contrapartes. Las pruebas de estrés realizadas en el conjunto de la UE demostraron ser un paso importante hacia una mayor transparencia de la exposición al riesgo de las entidades frente a distintos instrumentos y países. Las próximas pruebas de estrés en la UE serán más comprensivas y detalladas que las anteriores, lo que resulta muy importante a fin de incrementar la disponibilidad de financiación a medio y largo plazo.

Volviendo a las actuales reformas de regulación, aunque se prevé que en promedio el impacto total en términos del tamaño del sector bancario sea moderado, algunas líneas de negocio o instituciones pueden verse más afectados. Aunque no se espera que las entidades de crédito más pequeñas y con negocio minorista tradicional se vean en general severamente afectadas por las nuevas normas prudenciales, algunos grandes bancos internacionales, especialmente aquellos con inversiones significativas en otras instituciones financieras y en empresas de seguros (a menudo transfronterizas), habrán de enfrentarse a nuevos retos, principalmente como consecuencia de la nueva definición de capital y de la introducción de la ratio de apalancamiento.

Estas instituciones de gran tamaño suelen tener un mayor grado de apalancamiento que las más pequeñas y con la introducción de ciertos ajustes en el cálculo del capital regulatorio, sus bases de recursos propios tendrán que reforzarse en algunos casos a fin de incluir únicamente recursos de alta calidad con capacidad verdadera para absorber pérdidas. Considerando que la estructura del sistema financiero es bastante heterogénea entre los distintos países de la UE, los sectores bancarios nacionales tendrán que hacer frente a retos diferentes en los próximos años.

En este contexto, es importante señalar que recientemente se han presentado distintas iniciativas para afrontar los riesgos específicos asociados a las instituciones financieras sistémicamente importantes (IFSI). En concreto, el Grupo de Gobernadores y Jefes de Supervisión acordó en septiembre de 2010 que las IFSI deberían estar sujetas a requerimientos de capital adicionales más estrictos que los requisitos mínimos establecidos en Basilea III. Actualmente se está llevando a cabo, bajo los auspicios del Comité de Estabilidad Financiera, un trabajo muy intenso para elaborar un marco para la regulación global y nacional de las IFSI y para mejorar los mecanismos de resolución de crisis bancarias a fin de poder afrontar las crisis sistémicas de forma eficiente y efectiva.

Al mismo tiempo, resulta imprescindible llevar a cabo a corto y a medio plazo una mejora de la eficiencia en costes, así como cambios en la estructura de propiedad y en las actividades de negocio de ciertos modelos institucionales, y la reestructuración de algunos segmentos de los sectores bancarios nacionales. Para vivir en el “nuevo normal” hay que poder llegar a él, lo que puede requerir consolidación, cambios en la gobernanza, transparencia y nuevos modelos de negocio.

III.3. Estrategias de negocio y gobernanza corporativa

Modelos de negocio

En efecto, la crisis ha puesto de relieve las vulnerabilidades de algunos modelos de negocio, en particular, de aquellos centrados, por un lado, en las actividades de «originar para distribuir» y técnicas de titulización, y, por otro lado, excesivamente dependientes de los mercados mayoristas y de capital para obtener financiación. Aunque ningún modelo de negocio resultó ser mejor que otros para salir de la crisis, los modelos bancarios basados en una mayor diversificación de las actividades y de la financiación demostraron ser los más resistentes, por lo que están cobrando un atractivo creciente en el panorama bancario europeo. [5]

Indudablemente, los modelos de negocio diversificados absorben mejor las perturbaciones en tiempos de dificultades, y su buen comportamiento en entornos de estrés realza las ventajas de su adopción. Tras la crisis financiera, las agencias de calificación, los inversores y las entidades de contrapartida han reducido enormemente su tolerancia al apalancamiento y distinguen más claramente entre entidades con distintos perfiles de riesgo.

A este respecto, la primera prioridad de los bancos comerciales de la UE en cuanto a sus estrategias de negocio en el período posterior a la crisis se está centrando en ajustar la estructura de sus balances, es decir, la composición del crédito y de las fuentes de financiación, con el objetivo de que sean más sólidos y transparentes.

Por otra parte, algunos bancos siguen estando demasiado abonados a las facilidades del banco central para financiarse, lo que no es sostenible a largo plazo y requiere un esfuerzo para ajustar las estrategias de negocio a modelos más sostenibles. Se dispone de datos que indican un mayor recurso a los depósitos al por menor entre los grandes bancos de la UE que, tras experimentar una reducción en los años anteriores a la crisis, muestra hoy una tendencia al alza iniciada a finales de 2008, y que ha continuado en 2009 y 2010. No obstante, una dificultad en el momento presente es que los bancos compiten a menudo por los mismos depósitos, lo que dificulta incrementos sustanciales en sus bases de depósitos y puede erosionar sus márgenes.

Al mismo tiempo, los bancos han revisado la ubicación geográfica de sus activos. El creciente grado de actividad internacional de los grupos europeos importantes evidencia la relativa preferencia de los grandes bancos de la UE por la diversificación regional.

Las reformas del marco regulador dirigidas a reforzar los modelos de negocio bancario son un factor clave que facilitará que las estructuras de financiación se alejen de fuentes a corto plazo y volátiles y se acerquen a otras más estables y a largo plazo, tales como el capital y los depósitos. Como consecuencia del refuerzo sustancial de los requerimientos regulatorios referidos a las exposiciones asociadas a la cartera de negociación y la titulización, se espera que descienda el relativo atractivo de las actividades tradicionales de banca de inversión. Igualmente, con la introducción prevista de la ratio de apalancamiento no basada en el riesgo, ciertas instituciones especializadas en líneas de negocio consideradas tradicionalmente de bajo riesgo relativo (por ejemplo, préstamos hipotecarios) podrían tener que reconsiderar sus actividades y estudiar otras fuentes alternativas de ingresos.

Gestión del riesgo

Aparte de las iniciativas de regulación, la gestión interna del riesgo de los bancos constituye una primera línea de defensa frente al incremento de los riesgos. La necesidad de mejorar las prácticas de medición y gestión del riesgo en relación con los principales riesgos que afectan a las instituciones, es decir, riesgo de crédito, de liquidez y de mercado, ha sido también reconocida en diversos documentos publicados por el sector en los que se especifican ámbitos que necesitan mejorarse. [6]

Las autoridades supervisoras han publicado directrices referidas a las mejoras necesarias para la gestión del riesgo y la gobernanza corporativa (en ámbitos como la liquidez y las pruebas de estrés) y han dado asesoramiento complementario en lo que respecta al segundo pilar (el proceso de revisión de la supervisión) de Basilea II en relación con las deficiencias de las prácticas de gestión del riesgo reveladas por la crisis. Aunque el proceso ha significado una mejora de la gestión interna de los riesgos, queda mucho trabajo por hacer [7].

Respecto al futuro, las nuevas estrategias bancarias han de reflejar un mejor equilibrio entre riesgos y rendimientos. Un reto importante para los sectores bancarios de la UE en los próximos años será encontrar un nivel óptimo de rendimiento que mantenga la rentabilidad a largo plazo sin incurrir en riesgos desconocidos.

III.4. Los bancos centrales y el nuevo marco de supervisión macroprudencial

Quisiera concluir con una breve mención del nuevo marco de supervisión macroprudencial europeo.

La crisis financiera ha ilustrado vivamente la importancia de contar con un marco de vigilancia macroprudencial efectivo que pueda complementar la supervisión microprudencial tanto a escala nacional como internacional. Por tanto, a fin de incrementar la capacidad para evaluar y enfrentarse a los posibles riesgos sistémicos, durante los últimos años, las autoridades han trabajado intensamente a nivel nacional, regional y mundial con el objetivo de establecer un marco de actuación macroprudencial. En Europa, un logro significativo a este respecto ha sido la creación de la Junta Europea de Riesgo Sistémico (JERS), encargada de la vigilancia macroprudencial en la UE. El BCE desempeña un papel fundamental, prestando a la JERS funciones de Secretaría y apoyo logístico, administrativo y analítico.

Un objetivo prioritario de la JERS es relacionar el análisis del riesgo sistémico con medidas adecuadas de respuesta. El trabajo de análisis se centrará en identificar, medir y evaluar las posibles fuentes de riesgo sistémico, sobre la base de una información completa y exhaustiva y aplicar un amplio elenco de instrumentos analíticos para procesar los datos relevantes. El trabajo supondrá la valoración del posible impacto de los riesgos identificados y de la capacidad del sistema financiero para resistir las perturbaciones. Basándose en el resultado de su análisis y evaluación del riesgo sistémico, la JERS podrá emitir avisos concretos o recomendar medidas específicas.

Es indudable que el establecimiento de la JERS introduce una nueva función a escala de la UE que incrementará la capacidad de las autoridades europeas y nacionales para fomentar la estabilidad del sistema financiero de la UE en su conjunto.

V. Conclusiones

Permítanme concluir. Esta jornada ha ofrecido contribuciones muy interesantes sobre el futuro del sector bancario en el entorno macroeconómico y financiero post-crisis. Este es un tema de importancia central para el bienestar de nuestras economías, dado el papel fundamental de la banca en la mayoría de los países europeos. Por eso mismo, hay que subrayar que todavía queda mucho por hacer para salir de la crisis.

En un contexto económico y financiero aún frágil, el ajuste al “nuevo normal” sigue planteando desafíos de gran alcance y exigencia. Es esencial que sigamos progresando hacia la reforma del marco de regulación y supervisión microprudencial y macroprudencial. Al mismo tiempo, el sector bancario debe seguir corrigiendo con perseverancia, resolución y celeridad las debilidades en algunas estrategias y prácticas de las entidades de crédito desveladas por la crisis. Sólo así podrá la banca constituirse en parte de la solución de los problemas que todavía lastran el dinamismo económico y la creación del empleo.



[1]Reinhart, C.M. y K.S. Rogoff (2008), The aftermath of financial crises, NBER WP 14656.

[2]Las evaluaciones de impacto realizadas por el Comité de Basilea y el Consejo de Estabilidad Financiera en relación con los efectos transitorios y a largo plazo de la reforma de Basilea han revelado que los costes de la intermediación financiera podrían aumentar temporalmente durante la fase de aplicación (por ejemplo, en términos de aumento de los diferenciales, menores volúmenes de créditos y de un crecimiento más moderado el PIB). No obstante, a largo plazo, se espera que predominen los beneficios positivos netos como resultado de la menor posibilidad de que se produzcan crisis.

[3]En la zona del euro, la expansión del balance de los bancos ha sido de en torno al 400% entre 1992 y 2007 (justo antes de la crisis) mientras que el PIB nominal se ha incrementado solo en un 130%. En consecuencia, la ratio de los activos totales del sector bancario en relación con el PIB, una medida de la profundidad de la intermediación bancaria, se ha incrementado desde el 145% en 1992 hasta el 331% en 2007. Debe notarse asimismo, que los activos declarados en los balances públicos subestiman el crecimiento de la actividad bancaria en dicho período, puesto que gran parte de ellos no están incluidos en el balance.

[4]Véase, entre otros, G. Dell’Ariccia, D. Igan y L. Laevan, “Credit Booms and Lending Standards: Evidence from the Subprime Mortgage Market”, IMF Working Paper, No 08/106, IMF, 2008; y A. Maddaloni y J.-L. Peydro, “Bank Risk-Taking, Securitization, Supervision, and Low Interest Rates: Evidence from Lending Standards”, Documento de trabajo del BCE nº1248, octubre de 2010.

[5]El Comité de Supervisión Bancaria del SEBC ha realizado un estudio basado en encuestas estructuradas a participantes en el mercado y académicos de Londres, Fráncfort y París durante el invierno 2009-2010. Las preguntas se centraban en las expectativas de los participantes en el mercado a medio plazo, es decir, durante los próximos 3 a 5 años, en lo que se refiere a los modelos de negocio bancario, los procesos de consolidación e integración y las estructuras de financiación bancaria. Las principales conclusiones del estudio se publicaron en septiembre de 2010 en el informe del BCE titulado EU Banking Structure. De acuerdo con el estudio, los participantes en el mercado esperan un incremento de la importancia de la diversificación del modelo bancario en detrimento de los modelos bancarios especializados, aunque con mayor concentración en el negocio principal de los bancos.

[6]El sector bancario ha publicado informes en los que se enfatiza la necesidad de mejorar la gestión y la medición del riesgo, incluyendo el suministro de información y la participación de la alta gestión en lo que se refiere al perfil de riesgo de la entidad. Véanse por ejemplo las publicaciones del Institute of International Finance: Reform in the Financial Services Industry: Strengthening Practices for a More Stable System (Diciembre 2009), Principles of conduct and best practice recommendations, Financial services industry response to the market turmoil of 2007-2008 (Julio. 2008), el informe del Counterparty Risk Management Policy Group titulado Containing Systemic Risk: The Road to Reform (Agosto. 2008).

[7]Conclusiones recogidas en el reciente informe del Senior Supervisors Group titulado, Observations on developments in risk appetite frameworks and IT infrastructure, de 23 de diciembre de 2010.

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