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La Ampliación Europea desde la perspectiva del BCE

Eugenio Domingo Solans, Miembro del Consejo de Gobierno y del Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo, Conferencia de clausura del Seminario “La Ampliación Europea: desafíos y oportunidades”, Universidad del País Vasco, San Sebastián, 5 de septiembre del 2003.

INTRODUCCIÓN

El 1° de enero del 2002, con la puesta en circulación de los billetes y monedas de euro, culminó funcionalmente la Unión Monetaria Europea. Lo que ahora falta es la culminación geográfica o espacial de nuestra Unión Monetaria. El proceso de ampliación en curso es el paso más decisivo hacia dicha culminación geográfica, sin olvidar a los actuales países de la Unión Monetaria que no forman parte del espacio euro.

La ampliación beneficiará a ambas partes. La integración económica no es una operación de suma cero, en la que para que haya ganadores ha de haber perdedores. Del intercambio económico y financiero se derivan excedentes como la teoría económica ha demostrado. Consumidores, ahorradores, empresarios, trabajadores, inversores, en general todos los agentes económicos pueden ser beneficiarios del proceso de adhesión. La propia Unión Europea y sus instituciones, incluyendo su moneda, el euro, saldrá reforzada tras la integración de los diez si ésta se hace bien y culmina con éxito. Debe quedar, por tanto, claro que aunque en mi conferencia utilizaré palabras como desafío, esfuerzo, coste, etc., juzgo el proceso de adhesión bueno para la Unión Europea, para los países candidatos, sus instituciones y sus agentes económicos.

La ampliación de la Unión Europea y de la Unión Monetaria Europea plantea muchos desafíos al Banco Central Europeo (BCE) y a todo el Eurosistema. Prácticamente todas las áreas de actividad del BCE se ven afectadas por la preparación de aquel proceso, desde la futura producción de billetes de euros hasta la confección de estadísticas monetarias, bancarias y de mercados financieros europeos, pasando por la ordenación del sistema de pagos del Eurosistema y, naturalmente, la política monetaria común. El hecho de que la suma del Producto Interior Bruto (PIB) de los diez países adherentes no añada una gran cifra al PIB de la Unión Europea y de la Unión Monetaria Europea no es óbice para que la adhesión plantee serias exigencias y obligue a echar el resto a quienes estamos involucrados en el proceso. Una buena idea del esfuerzo realizado al respecto nos lo da la cifra de más de 1.000 actividades de cooperación técnica desarrolladas hasta la fecha entre el BCE y los Bancos Centrales Nacionales de los países candidatos a la integración (BCPCs) con el objetivo de preparar la adhesión.

Conviene dejar claro desde el primer momento que la ampliación de la Unión es una operación política. Su alcance es tal que pienso que resulta difícil poderla valorar hoy en todos sus extremos. Falta perspectiva temporal, como también falta todavía distancia histórica para calibrar lo que significa que más de trescientos millones de personas usemos el euro para hacer nuestras cuentas y nuestros pagos.

La economía – huelga decir que también la técnica – están al servicio de la política. La obligación del BCE, como la de otras instituciones económicas, es señalar los criterios y establecer las condiciones económicas y técnicas en el ámbito de sus competencias para que esta vasta operación política culmine con éxito. Sobre esto versará mi conferencia de hoy.

Pese a las dificultades que encierra, hay buenas razones para confiar que el proceso de ampliación culmine con éxito. Más difícil resultaba crear la Unión Monetaria, lanzar el euro y poner en marcha la política monetaria común y ello se consiguió. Ampliar una institución siempre resulta más llevadero que crear una institución de nueva planta. El Eurosistema ya dispone de una base sólida tras la integración de las correspondientes tareas de sus Bancos Centrales Nacionales (BCNs). Los criterios de funcionamiento común del sistema, desde la estrategia de política monetaria hasta los estándares informáticos, ya han sido establecidos y experimentados con éxito. El establecimiento del Eurosistema obedeció a una estrategia de creación, su ampliación obedece a una estrategia de adaptación. El Eurosistema y particularmente el BCE deben facilitar dicha adaptación, mientras que sobre los BCPCs está recayendo el mayor esfuerzo en esa estrategia.

Una razón de fondo, que no debe minusvalorarse, invita al optimismo: se trata del alto grado de interdependencia económica que ya existe ahora entre los países candidatos a la adhesión y la Unión. Esta realidad tal vez se perciba menos en España, pero es palpable en los países del espacio euro más próximos físicamente al este europeo, como Alemania y Austria. Con la ampliación, por tanto, lo que va a hacerse es formalizar, institucionalizar algo que ya existe de hecho, normalizar en el terreno institucional lo que ya es normal en la realidad económica. Con mi razonamiento no pretendo sugerir que el proceso de adhesión vaya a ser cosa de coser y cantar. Todo lo contrario: reitero que tropezará con dificultades, que habrá que vencer. Se producirán avances, pero también retrocesos hasta la feliz culminación de la operación. Con mi razonamiento sólo quiero significar que, pese a todo, el terreno de la adhesión está bien abonado.

Este rasgo de preexistencia de interdependencia de hecho diferencia claramente el proceso de integración económica europeo de los que dificultosamente se desarrollan en Iberoamérica, donde el grado de interdependencia económica es bastante menor. Pero hoy no toca hablar de Iberoamérica.

En todo proceso de integración monetaria y financiera cabe distinguir tres aspectos: los legales-institucionales, los logístico-técnicos y los económicos. Ordenaremos esta conferencia de acuerdo con esta triple perspectiva.

ASPECTOS LEGALES, INSTITUCIONALES Y ADMINISTRATIVOS

El proceso de ampliación de la Unión Europea y de la Unión Monetaria Europea no puede producirse sin la previa existencia de una convergencia jurídica e institucional que permita la adopción del acervo comunitario por parte de los países adherentes. La aplicación del acervo comunitario al sector financiero, en general, y a las actividades de los bancos centrales, en particular, es fundamental para asegurar la existencia de un contexto jurídico sólido. El Eurosistema ha centrado por ello su atención en la legislación financiera de los países candidatos, especialmente en el ámbito de la libertad de movimientos de capitales y de pagos, en la regulación de los mercados financieros en lo que atañe a la provisión de servicios bancarios, de valores y de inversión, en las reglas sobre los activos de garantía y en la legislación dirigida hacia un mercado interno de servicios financieros.

Particularmente relevante en este ámbito es la independencia de los respectivos bancos centrales, cuyos estatutos deben garantizar la existencia de independencia institucional, personal, funcional y financiera, en línea con los criterios que se aplicaron en el pasado para valorar la convergencia jurídica de los estatutos de los actuales BCNs del sistema.

En septiembre del 2002, el Consejo General del Sistema Europeo de Bancos Centrales (SECB), del que forman parte todos los Presidentes o Gobernadores de los BCNs de la Unión Europea, hayan o no adoptado el euro, invitó a los Gobernadores de los BCPCs a asistir a las reuniones de dicho Consejo General en calidad de observadores, tras la firma de los correspondientes Tratados de Adhesión. La firma tuvo lugar en Atenas el 16 de abril del 2003 y el 26 de junio del 2003 por vez primera se reunieron en Francfort un total de veinticinco Gobernadores de bancos centrales nacionales además del Presidente, Vicepresidente y restantes miembros del Comité Ejecutivo del BCE en la reunión ordinaria del Consejo General, en un día ciertamente histórico.

La solución aplicada en el caso de los Gobernadores de los BCPCs se ha extendido, también, a los expertos de los citados bancos, que ya pueden asistir como observadores a las reuniones de los distintos Comités del SEBC. Todo ello está permitiendo que los BCPCs se familiaricen con el funcionamiento del SEBC y con los métodos de trabajo aplicados en las distintas áreas, punto clave para el éxito de la estrategia de adaptación a la que antes me refería.

La existencia de una relación cada vez más estrecha entre el Eurosistema y los BCPCs aconsejó la firma de un Acuerdo de Confidencialidad que garantiza que los países observen unas normas mínimas comunes para el tratamiento de la información confidencial.

El órgano de decisión básico del Eurosistema es el Consejo de Gobierno, del que forman parte los seis miembros del Comité Ejecutivo del BCE y los Gobernadores de los BCNs de los países que han adoptado el euro. La futura ampliación del área del euro y, por lo tanto, del Consejo de Gobierno del BCE no debe menoscabar la eficacia y rapidez de la toma de decisiones. A tal fin, el Tratado de Niza introdujo una "cláusula de habilitación" que permite modificar los Estatutos del BCE en lo que respecta al derecho de voto en el Consejo de Gobierno. Tras un extenso debate, en diciembre del 2002 el Consejo de Gobierno aprobó por unanimidad la revisión del sistema de voto (artículo 10.2 de los Estatutos), propuesta que se adoptó en el Consejo Europeo de febrero del 2003.

El sistema de votación propuesto se basa en la idea de rotación del derecho de voto de los Gobernadores de los BCNs, de modo que sólo los seis miembros del Comité Ejecutivo mantendrán un derecho permanente de voto. La frecuencia de la rotación no será la misma para cada Gobernador, sino que se establecen distintos grupos en función del PIB (corregido por un indicador financiero) del respectivo país. Se consigue con ello que en cada momento los países de los votantes sean representativos del conjunto de la economía del área del euro, sin perjuicio de que a los Gobernadores que en cada momento tengan derecho de voto se les aplique el principio de "un voto por miembro", lo que implica que no representan a su respectivo país sino que actúan a título personal y con total independencia. El sistema empezará a funcionar con dos grupos cuando el número de países del área del euro exceda de quince y cuando dicho número exceda de veintidós el sistema de rotación comenzará a operar en tres grupos. Dada la relativa estabilidad de las variables que sirven de criterio para establecer los grupos, puede afirmarse que España estará siempre en el grupo de países con más frecuencia de votación, junto con Alemania, Francia, Italia y los Países Bajos (el Reino Unido desplazaría a los Países Bajos al segundo grupo si se integrara en el área del euro en el supuesto de existencia de tres grupos).

En otro orden de cosas, debe recordarse que en octubre del 2002, el Consejo ECOFIN recomendó la incorporación – mediante el Tratado de Adhesión – de un nuevo apartado en el artículo 49 de los Estatutos en virtud del cual se eleva el capital suscrito del BCE y el límite máximo para las transferencias iniciales de activos exteriores de reserva por los BCNs en cuanto se integren nuevos Estados miembros. Estos aumentos serán automáticos y proporcionales a la ponderación de los nuevos Estados miembros en la clave ampliada de capital, determinada en función del PIB y de la población de cada Estado en partes iguales. El capital suscrito del BCE es actualmente de 5.000 millones de euros, totalmente desembolsado en el caso de los países de la Unión Monetaria, pero sólo desembolsado en un 5 por ciento en el caso de los países de la Unión Europea que no han adoptado el euro. Con la solución indicada se evita tener que reembolsar una parte del capital desembolsado a los actuales miembros, en un momento especialmente inoportuno puesto que la ampliación implica un incremento de las actividades operativas y por tanto de los costes del BCE. También se evita que el BCE deba devolver a los Estados miembros parte de los activos exteriores de reserva que en su momento se transfirieron por un importe total de 50.000 millones de euros repartidos en función de la clave de capital.

Al considerar el proceso de ampliación, como en general al considerar la actividad de cualquier institución, no hay que olvidar ni subestimar la intendencia, los servicios de administración. Les facilitaré dos botones de muestra de lo que el proceso de adhesión implica para el BCE en este aspecto.

En primer lugar, la incorporación a la nómina del BCE de expertos provenientes de los países adherentes. Para trabajar en el BCE se requiere tener nacionalidad de algún país de la Unión Europea. Ahora, en los diferentes concursos para cubrir plazas vacantes, ya se admiten candidatos de los países adherentes, lo que, naturalmente, hace más complejo y laborioso el proceso de selección.

El segundo ejemplo de complicación administrativa nos lo proporcionan los idiomas. En el BCE el único idioma de trabajo es el inglés, usado en reuniones y en la redacción de documentos internos. Pero las publicaciones y comunicaciones oficiales deben hacerse en los once idiomas oficiales de la Unión, que pasarán a ser veinte tras la adhesión de los diez, dato que habla por sí solo.

ASPECTOS LOGÍSTICOS Y TÉCNICOS

El segundo gran grupo de cuestiones a considerar al tratar de la integración monetaria de los países adherentes al área del euro es el relativo a los preparativos técnicos, que se vienen desarrollando en el marco de un Plan General de Adhesión que sirve de guía para la planificación, desarrollo y seguimiento de los aspectos logísticos del proceso.

El BCE está en estos momentos reorganizando y reforzando sus sistemas técnicos de información y comunicación, procediendo a la renovación de las dos infraestructuras básicas de comunicación del Eurosistema: la llamada "ESCB-Net" que es la infraestructura sobre la que descansan todas las aplicaciones del Eurosistema que permiten las operaciones de política monetaria, administración de reservas, intercambio de datos estadísticos y no estadísticos, etc. y el llamado "Core Network", que es la plataforma sobre la que a su vez se sustenta el ESCB-Net y el sistema de teleconferencias. "Core Network" es al "ESCB-Net" lo que la plataforma "S.W.I.F.T." es al sistema TARGET en el área de grandes pagos, para los que estén familiarizados con ello. Huelga decir que a estas nuevas redes físicas se conectarán por vez primera los sistemas de los países candidatos a la adhesión, los cuales también tendrán que adoptar o armonizar las diversas aplicaciones de los sistemas en un descomunal esfuerzo técnico y financiero.

En el área de infraestructura de pagos y de compensación y liquidación de valores, el BCE en estrecha colaboración con el resto del Eurosistema y los BCPCs se está ocupando de la armonización de los distintos sistemas y procedimientos. La principal referencia que los países adherentes deben considerar con vistas al futuro es el desarrollo de la nueva generación del sistema TARGET 2 que no será operativo antes de la segunda mitad de esta década. La segunda generación de TARGET será un sistema de plataformas múltiples integrado por plataformas individuales y una plataforma compartida común utilizada por aquellos bancos centrales que hayan renunciado a su plataforma individual. TARGET 2, al igual que TARGET 1, liquidará, en dinero del banco central, pagos de alto valor en euros con importancia para el riesgo sistémico y el sistema aceptará los pagos que los usuarios deseen procesar en tiempo real en dinero del banco central. La principal diferencia de la nueva generación de TARGET con respecto a la presente es que el nivel de servicios estará mucho más armonizado y el servicio básico contará con una estructura única de precios para los pagos nacionales y transfronterizos procesados por el sistema.

Un último ámbito de cooperación entre el Eurosistema y los BCPCs que merece destacarse es el relativo a la producción y emisión de billetes de euro. En este punto, la referencia obligada de los países adherentes es el marco futuro de producción de billetes. Para comprender dicho marco futuro de producción es preciso recordar los antecedentes y la situación actual.

Los primeros billetes de euro se fabricaron siguiendo un modelo en el que cada BCN se hizo responsable del volumen de producción que su país necesitaba de cada una de las siete denominaciones ("no pooling"). Cada BCN encargó dicha producción a la imprenta que quiso, con el procedimiento de asignación que cada BCN estimó oportuno (encargo directo, licitación, etc.). Ello permitió a todos los BCNs y a las imprentas que recibieron las órdenes de producción ganar experiencia en la producción de las distintas denominaciones de los billetes.

En el 2001, el Consejo de Gobierno del BCE cambió al sistema actual, introduciendo una especialización de cada BCN en la responsabilidad de la producción de determinadas denominaciones, de acuerdo con las preferencias expresadas ("pooling"). Ahora cada BCN sólo se responsabiliza de la producción de alguna o algunas denominaciones para todo el sistema. El volumen de producción se asigna tomando como base un billete tipo de referencia y con la idea de que el criterio de reparto del volumen de producción por país acabe siendo, tras un periodo de ajuste, la clave de capital (recuerden PIB y población, ponderando por igual) y no el volumen histórico o inicial de producción. Este importante cambio implica la existencia de interdependencia de los BCNs en la producción de billetes (todos dependen de otros) y el reconocimiento de que hay migraciones de billetes (por ejemplo, parte de los euros que se necesitan en España los traen ahora los turistas). Con el sistema actual producimos billetes como un sistema de bancos centrales, no como una coordinada yuxtaposición de bancos centrales. Al igual que antes, cada BCN encarga su parte de producción especializada a quien quiere y como quiere.

En el 2003, el Consejo de Gobierno del BCE ha decidido dar el paso final al acordar que los BCNs que carecen de fábrica de moneda propia o pública recurran a un sistema común de licitación para la producción de su parte de producción de billetes después del 2007, en el que también podrán participar voluntariamente los BCNs con fábrica propia o pública. La idea es que, como regla general, el procedimiento se generalice a todos los bancos centrales a más tardar en el año 2012, aunque los BCNs con fábrica de moneda propia o pública podrán hacer uso de una fórmula de opt-out. Este cambio acordado en el 2003 no afecta, como el acordado en el 2001, al criterio de reparto del volumen de producción, sino al método de asignación de la producción a las fábricas de moneda, generalizándose la licitación, con las ventajas en términos de eficiencia que se derivan de un esquema basado en la competencia. Al haber, como regla general, una licitación común por denominación, la idea de sistema se sigue reforzando. El calendario de aplicación es largo para que las fábricas de moneda tengan tiempo de reestructurarse y adaptarse al nuevo marco competitivo.

La mayoría de países adherentes carecen de fábrica de moneda propia o pública, por lo que la adhesión aumentará el volumen de billetes licitados en común y permitirá mejorar la eficiencia de la producción de euros.

En el campo de la emisión de billetes se han aprobado por el Eurosistema un conjunto de normas y prácticas comunes encaminadas a asegurar la existencia de un "campo de juego nivelado" que posibilite una competencia leal entre los bancos comerciales y a evitar distorsiones transfronterizas en los servicios de caja. Las políticas comunes se refieren a las comisiones para el canje de efectivo por clientes profesionales en las ventanillas de los BCNs, horarios de apertura, reglas de adeudo y abono de los servicios de caja y criterios para la utilización de máquinas recicladoras de efectivo. Los países adherentes deberán asumir dichas políticas comunes cuando formen parte del espacio euro.

Finalmente, antes de dejar el para mí apasionante mundo de los billetes, quiero señalar que el BCE ha establecido un modelo de acuerdo de cooperación con los BCPCs en la prevención y detección de falsificaciones de euro cuyo centro de gravedad en el Eurosistema es el Centro de Análisis de Falsificaciones establecido en Francfort y el Sistema de Control de Falsificaciones. En el área de billetes se ganó mucha experiencia en el trato con los BCPCs a raíz de los muchos contactos requeridos por la introducción de los billetes de euro en el 2002, dadas las considerables cantidades de billetes nacionales de países del Eurosistema, principalmente marcos alemanes, circulando en los países candidatos que hubo que cambiar. Los bancos de los países adherentes están por ello bastante familiarizados con los aspectos técnicos de los billetes de euro.

ASPECTOS ECONÓMICOS

No me voy a referir en esta conferencia a la situación económica de los países candidatos y a su grado de convergencia nominal o real, cuestión de la que ya se han ocupado otros ponentes del seminario. Sólo permítanme que les diga que no se puede poner a todos los países en un mismo saco y que realmente detrás de la etiqueta de países candidatos o de países adherentes hay doce o diez realidades económicas que difieren entre si. Para que me entiendan, Chipre es muy distinto que Estonia y Polonia tiene poco que ver con Malta y así sucesivamente.

En el ámbito económico, pero no en el de la situación económica sino en el de los aspectos económicos relativos a la preparación de la integración, pueden considerarse cuatro líneas de acción: la del cumplimiento de los criterios de convergencia, la de la política de tipo de cambio, la de los instrumentos y procedimientos de política monetaria y la de las estadísticas.

El aspecto económico más importante de la integración de los países adherentes a la Unión Monetaria es el cumplimiento de los criterios de convergencia nominal de Maastricht que, al igual que ocurrió con los actuales doce socios, es la llave económica que abre la puerta del euro. Sobre este punto sólo diré que el cumplimiento de los criterios de convergencia por parte de los países adherentes debe ser durable y sostenible, tal como claramente establece el Tratado de Maastricht en el artículo 109 J (1) y en el artículo 1 del Protocolo número 6.

La idea de durabilidad y sostenibilidad de la convergencia nominal es indisociable del concepto de convergencia real, en la medida en que un grado excesivo de divergencia real podría llegar a comprometer la sostenibilidad y durabilidad de la convergencia nominal. Todo depende, naturalmente, de lo que se considere un grado excesivo de divergencia real, puesto que es obvio que diferentes niveles de renta, ocupación, etc. son compatibles con la unificación monetaria. Si en España hubiesemos esperado a tener convergencia real entre nuestras regiones, la unificación monetaria de 1868 no se hubiera podido realizar. En todo caso, volviendo al euro, la conclusión es clara: en el período de adaptación los países adherentes deben progresar en paralelo en la convergencia nominal y en la convergencia real.

La diversidad entre los países candidatos a la adhesión a la que antes me refería en el campo de la situación económica puede extenderse a sus estrategias de tipo de cambio. Entre los diez países candidatos podemos encontrar casi todas las prácticas, desde la libre flotación (Polonia y República Checa) hasta las cajas de conversión o "currency boards" (Estonia y Lituania) pasando por flotaciones administradas o controladas tomando como referencia informal al euro (Eslovaquia y Eslovenia), fijación a una cesta de monedas con mayor (Malta) o menor (Letonia) ponderación del euro en la misma o, finalmente, fijación al euro con bandas de fluctuación de ± 15 por ciento (Chipre y Hungría), práctica que recuerda a la del Mecanismo de Tipos de Cambio II (MTC II).

En el presente estadio de aproximación a la Unión Monetaria, cualquier estrategia de tipo de cambio es en principio buena salvo la euroización, en el sentido de que el euro debe ser el punto final de la integración monetaria tras el correspondiente ajuste y no el punto de partida sin posibilidad de ajustes monetarios adicionales.

Con vistas a su incorporación al espacio euro, el marco de referencia monetario de los países candidatos es el antes citado MTC II, tal como está definido en la "Resolución del Consejo Europeo sobre el establecimiento de un mecanismo cambiario en la Fase Tres de la Unión Monetaria Europea". El MTC II es un mecanismo voluntario que implica la existencia de un tipo central de cambio de la moneda del país adherente con respecto al euro; de una banda de fluctuación estándar de ± 15 por ciento alrededor del tipo central; de intervenciones obligatorias, automáticas e ilimitadas en la proximidad de los límites de la banda de fluctuación y de disponibilidad de financiación a corto plazo.

El principal propósito del MTC II es servir de instrumento para consolidar las políticas económicas encaminadas a favorecer la estabilidad y la convergencia, tanto nominal como real. La participación en el MTC II constituye, en sí misma, un criterio para acceder a la Unión Monetaria. Es más, la participación en el MTC II debe ser de al menos dos años. Además, se establece el criterio cualitativo de que esa participación mínima debe de lograrse sin sufrir tensiones excesivas y sin que se produzca durante ese período de tiempo una devaluación de la moneda correspondiente por iniciativa del país participante. Debido a este doble papel del MTC II, como instrumento de convergencia y criterio en sí mismo, a menudo se habla del "papel dual" jugado por el MTC II.

A pesar de las críticas que en el pasado recibió el MTC del Sistema Monetario Europeo y que ahora sin duda recibirá su legítimo heredero, el MTC II, no me importa afirmar que el MTC fue un factor clave para el éxito de la unificación monetaria de Europa: evitó una excesiva volatilidad de los tipos de cambio y devaluaciones competitivas al tiempo que actuó de amortiguador de impactos externos. El MTC II no debe ser visto como una incómoda sala de espera de dos años para los países adherentes, sino como un mecanismo que combina compromiso y flexibilidad y que facilita la estabilidad y el ajuste a la nueva situación. Subrayo que he usado el verbo facilitar y no, por ejemplo, garantizar o asegurar, puesto que la disciplina cambiaria por si sola, si no va acompañada de una política económica coherente, no consigue estabilidad y acaba resultando insostenible.

En cuanto a los instrumentos y procedimientos de política monetaria, lo que tienen que hacer los BCPCs es, obviamente, suscribir la Documentación General que en su momento aprobó el Eurosistema y que se va actualizando, lo cual, por lo demás, no plantea mayores problemas. Lo cierto es que el instrumental y marco operativo de política monetaria del Eurosistema es, en mi opinión, completo y eficiente. La actividad de cooperación en este punto ha hecho que los países candidatos hayan ido paulatinamente adoptando instrumentos y procedimientos de política monetaria similares a los del Eurosistema y que se vayan armonizando las operaciones de mercado abierto, las facilidades permanentes y las reservas mínimas obligatorias retribuidas, de acuerdo con las prácticas del Eurosistema.

En el terreno de las estadísticas, los preparativos se encaminan a que los países candidatos puedan producir datos de calidad coherentes con los que producen los países del Eurosistema en el ámbito de competencia estadística del BCE. Dicha competencia se extiende a las estadísticas monetarias, bancarias y de mercados financieros, posición financiera internacional y parte de las estadísticas de balanza de pagos. Como es sabido, el BCE comparte con Eurostat (es decir, con la Comisión Europea) responsabilidades en el desarrollo, compilación y diseminación de información estadística oficial para el conjunto de la Unión Monetaria Europea.

No es nada fácil armonizar estadísticas puesto que ello implica armonizar no sólo conceptos sino también métodos, procesos y calendarios. El BCE ha publicado diversos manuales técnicos para los países candidatos a la adhesión y ha mantenido muchas reuniones con expertos a distintos niveles. El pasado mes de agosto me refería en Berlín, en la reunión bienal del International Statistical Institute (el gran congreso mundial de estadísticas) a las prioridades del BCE en este campo y señalaba como la primera de ellas la implementación del Plan de Acción sobre estadísticas económicas, monetarias y financieras para los diez países adherentes. Dicho Plan de Acción ha sido preparado conjuntamente por la Comisión y por el BCE.

Los países adherentes tardarán algún tiempo en incorporarse a la Unión Monetaria aunque el año próximo lo hagan a la Unión Europea. A pesar de ello se requieren ya estadísticas fiables para poder valorar el grado de convergencia nominal y real de las economías de los países candidatos, lo cual constituye ahora nuestra máxima prioridad.

CONCLUSIÓN

Voy concluyendo. Me doy cuenta de que mi intervención en este Curso ha sido prolija, por no usar alguna otra palabra que rondará la mente de algunos de Vds. Al fin y al cabo, estamos en un curso universitario, ciertamente de verano, pero universitario.

Espero haber aportado, en primer lugar, información acerca de la actividad del BCE en relación con el proceso de ampliación europea, presentada siguiendo una sistemática – lo institucional, lo logístico y lo económico, con los respectivos desarrollos – que entiendo que es válida no sólo para este caso sino también para procesos similares.

Pero al margen del contenido y del orden de la exposición, la lección que hubiera querido transmitirles hoy es hacerles ver no ya la dificultad del proceso de ampliación para las partes involucradas, sino la propia riqueza y complejidad de la actuación de cualquier banco central y, desde luego, del BCE.

Mi intervención en el día de hoy habrá permitido constatar a quienes pacientemente la han seguido que la actividad de un banco central – y, en particular, la del BCE – es bastante más amplia que la relacionada con las decisiones de política monetaria. La preparación de las decisiones de subida o bajada de los tipos de interés de intervención es lo más lucido y vistoso de la actividad de un banco central, lo que atrae en mayor medida la atención del público, pero sólo constituye una parte relativamente pequeña de nuestro quehacer diario.