DESPEDIDA DE LA PESETA

Eugenio Domingo Solans, Miembro del Consejo de Gobierno y del Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo, Conferencia organizada por el Colegio de Economistas de Madrid. Casino de Madrid, 28 de febrero del 2002

Introducción

Los economistas de Madrid nos hemos reunido esta noche para despedir a lapeseta y, haciéndolo, rendirle el homenaje que merece. Quiero agradecer alColegio de Economistas, y particularmente a su Decano Presidente ManuelLagares, que me haya invitado a actuar de maestro de ceremonias de este felizacontecimiento. Feliz porque la peseta, al fin y al cabo, ha pasado a "mejor vida"dicho en este caso sin retintín.

No cabe, en efecto, mejor suerte para una moneda europea que la de acabarsus días integrándose en el euro, nuestra gran moneda internacional, a la que lapeseta ha aportado una valiosa y positiva experiencia. Vida longeva, muertenatural y anunciada y el mejor heredero posible. Pienso que no se puede pedirmás.

La peseta - los billetes y monedas de peseta, para ser más preciso - deja hoyde tener curso legal, al igual que la lira, el franco belga y luxemburgués, elchelín, el escudo, el marco finés y la dracma. El florín se despidió el 27 de enero,el punt el 9 de febrero y el franco francés lo hizo el 17 de febrero. El marcoalemán, evocando al romancero gitano, se "murió de perfil": sus billetes ymonedas ya dejaron de tener curso legal la noche de San Silvestre, aunque dehecho se siguieron admitiendo en las tiendas por un "acuerdo de caballeros",perdón, "acuerdo de señoras y de caballeros", para ser políticamente correcto. Elcaso es que desde mañana sólo los billetes y monedas de euro podrán utilizarsepara hacer pagos en efectivo en toda la Unión Monetaria Europea. Algorealmente histórico.

No sería de buen gusto por mi parte que hoy les hablara del euro. Cuando sehomenajea a alguien se habla del homenajeado y no de sus sucesores o de susherederos. Además, pienso que cuanto menos se hable de una moneda queestá en servicio activo, tanto mejor y el euro, tras el inevitable ruido causado porsu exitosa introducción en la economía europea, ha entrado en una etapa desilencio que es el mejor exponente de normalidad monetaria. Para una moneda,el silencio es un aplauso. Dejemos tranquilo, por tanto, al euro y hablemos denuestra peseta.

A tal fin, partiendo de los hechos tal como los han contado los historiadores,subrayaré algunos rasgos de la peseta que me han llamado la atención: laspropicias circunstancias que acompañaron a su creación en 1868; su vinculacióncon otras monedas en su principio y en su final; el orden que desde el comienzoimpuso en nuestro sistema monetario; su relativa estabilidad secular, a pesar delas "malas compañías", es decir, del déficit crónico de la Hacienda Pública; elhecho de que, pese a ello y también desde su origen hasta su destino final en eleuro, la peseta ha sido bien administrada por gente solvente y, finalmente,trataré de hacerles ver que nuestra divisa ha tendido a ir contracorriente en laelección del patrón monetario en la primera mitad de su existencia, con ciertatendencia a la sobrevaloración en determinadas fases que el mercadoinevitablemente acabó corrigiendo con drásticas depreciaciones. Lasinterpretaciones son mías y los hechos, los relatados por los historiadores. Parano hacer la conferencia más engorrosa de lo que ya va a ser, sólo mencionaré alos autores de los que tomo prestada una cita y añadiré como apéndice del textoque se publique la bibliografía consultada.

Las circunstancias de la introducción de la peseta

Aunque seguramente existe, no conozco ningún trabajo que explique por quénacen las monedas. Conozco en cambio uno de un ingeniero naval francés,Jean Ottenheimer (1953), sobre "cómo mueren las monedas", que no nos sirvede mucho porque ya sabemos cómo y porqué muere la peseta.

En el caso de la creación de la peseta en 1868 coinciden muchas de lascircunstancias que probablemente una teoría del nacimiento de una moneda podría considerar: período revolucionario (el franco francés actual nace con laRevolución); período de depresión económica, en el que es más difícil reformarpero más fácil que la reforma sea aceptada; necesidad de poner orden en uncaos monetario; existencia de un impulso de unidad e integración (el nacimientodel marco, la lira, el dólar y el euro, cada uno a su manera, responden a estaidea); existencia de una base política y técnica propicia y otras posiblescircunstancias. El nacimiento de la peseta, en conclusión, contó con un caldo decultivo apropiado, fue casi tan inevitable y conveniente como su muerte.

Vinculación de la peseta con otras monedas

Es curioso constatar que la peseta, tanto en su origen como en su desaparición,ha estado vinculada a otras monedas europeas. Cuentan los historiadores que lapeseta y el franco tienen el mismo origen: la libra tornesa, de Tours, que tenía1/5 menos de valor que la libra de París. Siendo así, podríamos bromeardiciendo que ya en su genoma la peseta tenía algún cromosoma propenso a ladepreciación.

La libra tornesa se introduce en Cataluña por las tropas francesas en la Guerrade Sucesión, la que terminó con la celebrada derrota, desde la perspectivacatalana, del 11 de septiembre de 1714. (Los catalanes somos así, celebramoslas derrotas).

La libra tornesa dio lugar en Francia al llamado franco de Germinal que quedadefinitivamente fijado como unidad monetaria francesa en 1803 con Napoleón,poco después de la creación del Banco de Francia en 1800 del que Napoleónquería que "estuviera en las manos del Gobierno y que no lo estuvierademasiado", atisbo de independencia. El franco siguió un patrón bimetálico conla que acabaría siendo la tradicional razón bimetálica entre oro y plata de 1/15,5:circulaban piezas de cinco francos de plata junto con los luises de oro. Latradición bimetalista francesa fue posteriormente heredada por las monedas dela Unión Monetaria Latina (UML) y por la propia peseta.

A su vez, la libra tornesa francesa dio lugar en Cataluña a la peseta. En elcatálogo de la magnífica exposición del Banco de España (2001) "El camino

hacia el euro" pueden verse dos monedas de plata de 5 pesetas de FernandoVII, una de 1809 con el escudo de Tarragona y otra de 1823 con la inscripción"Yslas Baleares" y el escudo en losange de Palma de Mallorca. También seexponen monedas de plata de 1809 y 1813 de 2½ y de 5 pesetasrespectivamente y una de 1812 de oro de 20 pesetas, todas ellas de JoséBonaparte con la expresión "en Barcelona" y el escudo en losange de la ciudad.Son las primeras acuñaciones de nuestra peseta.

La peseta tiene un origen inequívocamente catalán. Fonéticamente equivale aldiminutivo en catalán de "pieza" ("peça", pesseta), aunque tal vez,etimológicamente, se deriva de peso.

La peseta vuelve a enlazarse con otras monedas europeas cuando es declaradaunidad básica del sistema monetario español por Decreto de 19 de octubre de1868, siendo precisamente un catalán, Laureano Figuerola, Ministro deHacienda. El lazo existe porque la actual peseta se crea con la intención, queluego no cristalizó, de integrarse en la antes citada UML, que se había creado el23 de diciembre de 1865, con el franco francés como ancla acompañado delfranco suizo, del franco belga, de la lira y de la dracma, ésta última adherida alsistema en 1868. Todas las unidades monetarias de la UML tenían el mismocontenido metálico: 290,322 miligramos de oro fino equivalente a 322,58miligramos de oro de 900/1000, con la conocida razón bimetálica con la plata de1/15,5, es decir, 5 gramos de plata.

Seguramente la peseta fue elegida en 1868 unidad monetaria española por lasimilitud que guardaba con el franco francés debido a su común origen, lo quefacilitaba su incorporación a la UML. Al igual que el franco, la peseta de platapesaba unos 5 g y mantenía la razón bimetálica 1/15,5 con el oro: en 1870 seacuñaron monedas de oro de 100 pesetas de 32,15 g y de plata de 5 pesetas de24,86 g. La primera peseta de plata - Gobierno Provisional, 1869 - pesa 5,04 g.La de 1870 (única al alcance de coleccionistas modestos) pesa 4,5 g. No es deextrañar que se dijese que la peseta era un franco con otro nombre.

Supongo que también facilitó la adopción de la peseta como unidad monetariaen 1868 el hecho de que ya existiera como múltiplo del real desde la reforma de

Beltrán de Lis de 1848 y como moneda divisionaria del escudo tras la reforma dePedro Salaverría de 1864. Recuerden las siguientes equivalencias monetarias: 1peseta igual a 4 reales igual a 40 céntimos de escudo igual a 0,2 pesos fuertes oduros o, lo que es lo mismo, 1 real igual a 25 céntimos de peseta, 1 escudo iguala 2½ pesetas y un peso fuerte o duro igual a 5 pesetas.

El último y definitivo caso de integración de la peseta con otras monedaseuropeas es, naturalmente, la operación que da como resultado la creación deleuro a partir de 1999 y que significa el fin de la peseta como unidad monetariaespañola. Tal como hemos quedado, no vamos a hablar de ello. Pero hay unpunto en relación con la paridad de las monedas europeas con respecto al euroque es llamativo. Si partimos de la equivalencia existente en la UML entre susmonedas y la peseta y la comparamos con los cambios fijos e irrevocables deintegración en el euro observamos que al cabo de 130 años una peseta secambiaría por 3,94 francos viejos, 11,64 liras y 2,05 dracmas, lo que implica unarelativa apreciación secular de nuestra divisa.

El mismo ejercicio con el marco alemán daría un resultado increíble tras lahiperinflación de la República de Weimar, si se tiene en cuenta que el nuevoReichsmark de 1924 equivalía a un billón de los de la etapa imperial tras lareforma de Hjalmar Schacht, llamado "el mago de las finanzas". Schacht acabóorganizándole a Hitler la "Wehrwirtschaft" (economía de preparación de laguerra) pero no la "Kriegswirtschaft" (economía de guerra), porque, con él dePresidente, el Reichsbank no hubiera tolerado la expansión monetaria que lafinanciación de la guerra requería. Este gesto de independencia salvó a Schachten el juicio de Nuremberg.

Peseta y orden monetario

Tras esta digresión germánica, vuelvo a la peseta. El siguiente punto a destacares el del orden que su adopción como unidad monetaria supuso en el caosmonetario español del siglo XIX. La reforma monetaria de 1868, en efecto,consigue definitivamente terminar con el desorden monetario. Tal vez lo hubieseconseguido la reforma de 1864 del Ministro Pedro Salaverría, la que creó elescudo y en la que la peseta era moneda divisionaria de plata, como antes hemos dicho, pero la Gloriosa Revolución de 1868 no permitió confirmarlo.Jaime Requeijo (2001: 19) piensa que tal confirmación no hubiese tenido lugar yque las medidas de 1864 "poco resolvieron y siguieron manteniendo ladesorganización monetaria que caracteriza a la economía española". Despuésde 1868, por cierto, se siguieron imprimiendo billetes denominados en escudosde suerte que los primeros billetes de peseta no aparecen hasta 1874 a raíz dela concesión del monopolio de emisión al Banco de España por el MinistroEchegaray. Las primeras denominaciones son de 50 y de 100 pesetas. En 1875se emite el billete de 1.000 pesetas y un año después el de 500.

La que no consiguió terminar con el desorden monetario del siglo XIX fue, desdeluego, la reforma monetaria de 1848 del Ministro Manuel Beltrán de Lis, aunqueintrodujo la decimalización, todo un progreso monetario como los británicospudieron comprobar un siglo y cuarto después. La prueba de que la reforma de1848 no solventó el desorden monetario es la invasión de la llamada calderillacatalana que le siguió, inapropiada no, por supuesto, por ser catalana sino porno ser decimal.

De hecho la calderilla catalana fue útil porque vino a suplir la escasez de plataque se produjo en el sistema bimetálico español de 1848 debido a ladepreciación del oro a partir de dicha fecha tras el descubrimiento y explotaciónde nuevas minas en California, Australia y Alaska. En virtud de la ley deGresham (que, como a veces sucede, no era de Gresham y la idea ya está en"Las ranas" de Aristófanes) la moneda mala - el oro - expulsó a la buena - laplata - y de ahí la necesidad de calderilla catalana.

El binomio Ley de Gresham y patrón bimetálico puede resultar explosivo si,como bien puede suceder, se produce una divergencia ente el precio relativo delos dos metales en el mercado y el fijado en la razón bimetálica. A partir de 1870se produce una situación inversa a la de 1848, es decir, de depreciación relativade la plata, por la explotación de nuevas minas en Estados Unidos y por ladesmonetización de la plata en el recién instaurado Imperio Alemán (1871) y enotros países. Ello es lo que dio al traste con la UML, aunque formalmentepervivió hasta 1927, y también acabó con el bimetalismo de la peseta,desembocando en lo que los franceses llamaron el bimetalismo cojo ("bimétalisme boiteux"). Se implantó, si no de derecho sí de hecho, elmonometalismo oro en la UML y un monometalismo fiduciario plata en España.Se les llamó bimetalismo cojo debido, respectivamente, a la limitación de lalibertad de acuñación y del poder liberatorio de la plata en la UML en 1878 y a lasupresión de la acuñación de oro en España en 1883. Recuérdese que libertadde acuñación y poder liberatorio son dos requisitos a cumplir para que un metalpueda ser patrón monetario. El patrón plata de la peseta fue, además, un patrónfiduciario y no de pleno contenido porque el valor intrínseco del metal era inferioral valor facial de la moneda, lo mismo que ahora ocurre a gran escala con losbilletes y monedas y permite a los bancos centrales y a los Tesoros realizarpingües beneficios por señoriaje.

Con todo esto se dirá que no se acaba de ver el orden monetario impuesto por lapeseta. Todo es relativo. Compárese el modelo con el de la calderilla catalana ysobre todo con la situación previa a 1848 en la que llegó a circular más monedaextranjera que nacional, en la que las monedas no eran decimales, a vecesinexistentes por ser sólo de cuenta, de cambiante equivalencia, desgastadas yrecortadas y el orden establecido por la peseta saltará a la vista.

Peseta y estabilidad de precios

La característica más relevante de la peseta ha sido su relativa estabilidad alargo plazo, su estabilidad secular, con la notable excepción de los años de laGuerra Civil y de la postguerra. Entiendo por estabilidad la permanencia de lacapacidad de compra, el mantenimiento del poder adquisitivo. Añado a largoplazo o secular para significar que no faltaron períodos de inflación, como los dela Guerra de Cuba y Filipinas, los de la Primera Guerra Mundial, por supuestolos de la Guerra Civil y postguerra y más recientemente, los de la transición de ladictadura a la democracia, pero dichas fases inflacionistas fueron seguidas deperíodos de estabilidad o incluso de deflación que compensaron parte de lapérdida del poder adquisitivo de la peseta hasta la Guerra Civil. Los diferentesíndices de precios de los que disponemos avalan esta afirmación que, de nuevo,debe ser considerada en términos relativos. Ello explicaría, a la postre, quenosotros no hayamos tenido que quitarle a nuestra unidad monetaria ni dos nidoce ceros, como tuvieron que hacer los franceses con el franco y los alemanes con el marco. Esto debe subrayarse en el momento en el que despedimos a lapeseta, la cual mantiene la misma escala de valor que tenía cuando se creó.

Peseta y apuros presupuestarios

El Talón de Aquiles de la estabilidad monetaria en España, la "mala compañía"de la peseta ha sido la precariedad de la Hacienda, el déficit presupuestario.Recuerden el "medio siglo de apuros financieros" con el que Fuentes Quintanadescribe la segunda mitad del Ochocientos. El monopolio de emisión de pesetasconcedido por el Ministro Echegaray al Banco de España en 1874, así como lassucesivas revisiones de los límites de emisión - la de Cos-Gayón de 1891, la dela Guerra colonial de 1898, la de Cambó de 1921 - tienen siempre comocontrapartida los anticipos a la Hacienda Pública. Es constatable que cuando hahabido disciplina presupuestaria, ha habido estabilidad de precios y progresoeconómico: "Sobre este cimiento de estabilidad se alzó el sólido edificio deldesarrollo económico español al comenzar el siglo actual [siglo XX]", escribeSolé Villalonga (1967:279) del próspero período que siguió a la reforma deRaimundo Fernández Villaverde de comienzos del siglo XX. Lo mismo cabríadecir de los últimos años del siglo XX, los que desembocaron en la integraciónde la peseta en el euro.

Si la historia es el laboratorio de la ciencia económica, la idea que subyace en elPacto de Estabilidad y Crecimiento, viga maestra de la construcción de laestabilidad monetaria en Europa, ha pasado satisfactoriamente la prueba de lahistoria financiera española en los escasos períodos de disciplina presupuestariaque hemos tenido.

Una moneda bien administrada

Pese a la precariedad de la Hacienda Pública y las negativas consecuencias queello ha tenido para la estabilidad monetaria, yo sostengo que nuestra divisa hasido, en general, bien administrada, que la intención de ortodoxia y de rigortécnico ha estado siempre presente y que con la peseta no se han cometido losdislates que han sufrido otras monedas.

La reforma de 1868, para empezar, se hizo por personas que reunían las doscondiciones necesarias para el éxito de cualquier reforma monetaria: decisión yhabilidad política y pericia técnica. La Gloriosa Revolución de 1868 y, con ella, lapeseta es fruto de gentes de Cátedra y de Ateneo, de un grupo conocido como"los economistas", personas liberales, individualistas, optimistas y progresistas.Gente solvente, de prestigio, como nos recuerda Martín Niño (1972:22): Moret,Echegaray, Gabriel Rodríguez y, por supuesto, Figuerola. Laureano Figuerola yBallester fue Catedrático de las Universidades de Barcelona y Madrid,Académico, Concejal, Diputado y Ministro de Hacienda, es decir, tuvo un bagajepleno de conocimientos técnicos y de experiencia política e ilustra perfectamentelo que les quiero decir.

Incluso en sus peores momentos, la peseta recibió un trato técnico correcto. Tomemos el ejemplo de la Guerra Civil. Dos bandos, dos Españas, dos Bancosde España y dos pesetas, la republicana y la nacional. Ruptura de la unidadmonetaria española. Decreto de la Junta Técnica del Estado, aprobando unacuerdo del Consejo del Banco de España de Burgos que no reconoce validez alos billetes del Banco de España de Madrid puestos en circulación conposterioridad al 18 de julio de 1936. Los billetes válidos se estampillan paraluego canjearse, principalmente, por los impresos en Leipzig por Giesecke & Devrient, precisamente una de las 14 imprentas que nos ha hecho los euros.Decreto del Gobierno de la República, Valencia 1937, prohibiendo la tenencia ycirculación de billetes estampillados que consideraba desvinculados de lasreservas metálicas. Burgos, Ley de Bloqueo de 13 de octubre de 1938, justo trasla caída de Bilbao, plaza financiera importante: sólo se reconoce plena validez alos saldos de cuentas bancarias activos o pasivos existentes a 18 de julio de1936. Ley de Desbloqueo de 1939: convertibilidad entre la peseta republicana yla nacional. Finalmente, Ley de Reunificación de Balances del Banco de España,punto final de la división monetaria. Partiendo de la irremediable realidad de queen una guerra no suceden cosas agradables y de que acaba con un bandovencedor y con un bando vencido, la escisión y la reunificación de la peseta sehizo correctamente desde un punto de vista técnico. El nombre del Ministro deHacienda José Larraz debe mencionarse al respecto.

La Guerra Civil, por cierto, implicó el fin del respaldo metálico de la peseta,iniciándose una etapa de fiducia sin freno. Anecdóticamente, en 1966 hubo laúltima acuñación de una moneda de plata destinada a la circulación (noconmemorativa) de 100 pesetas, que la inexorable ley de Gresham expulsórápidamente del sistema.

También pienso finalmente que la peseta ha recibido un trato técnicoirreprochable en su recta final hacia el euro, dicho sea en reconocimiento a lalabor de un Banco de España, ya independiente desde 1994, gobernado porLuis Angel Rojo.

Patrones monetarios diferenciados

A pesar de que la peseta tiene un origen común con el franco francés y que sunacimiento es indisociable de la UML, es decir, que es una moneda que, comoantes hemos visto, mantiene lazos iniciales con otras, nuestra divisa ha tendidoa comportarse de forma distinta a las demás monedas en cuanto a la elecciónde un ancla o referencia de su valor externo. Tal vez se trate de unamanifestación más, en este caso en lo monetario, del tradicional aislamiento dela economía española.

Los hechos son tozudos en cuanto al diferente comportamiento de nuestramoneda en este aspecto. Se crea con el propósito de integrarse en la UML, perono se integra. Su bimetalismo degenera en "bimetalismo cojo", como el de laUML, pero el de la UML es de hecho un monometalismo oro y el nuestro unmonometalismo plata, es decir, la peseta cojea de distinto pie.

España realmente nunca adopta el patrón oro puesto que los billetes nunca fueron convertibles exclusivamente en oro y a partir de 1883 lo fueronexclusivamente en plata al decretarse el fin de la convertibilidad de los billetesde peseta en oro. Cuando más adelante se hablará de "volver" al patrón oro sequiere significar adoptarlo a la paridad que la peseta tenía con el oro en el patrónbimetálico. El fin de la convertibilidad de la peseta en oro ocurre precisamentecuando los restantes países desmonetizan la plata y están en una carrera hacia el oro: Alemania adopta el patrón oro en 1871 y recibe indemnizaciones en este metal tras su triunfo en la Guerra franco-prusiana; la Unión Escandinava lo hace en 1873, los Países Bajos en 1875, Serbia y Finlandia en 1878, el ImperioAustro-Húngaro en 1892, Rusia y Japón en 1897. Incluso Estados Unidos, otrorecalcitrante bimetalista, paradigma entonces del desorden monetario -recuerden los "greenbacks" de después de la Guerra de Secesión - adopta elpatrón oro en 1900. La UML también lo había adoptado, de hecho, en 1878,como antes he comentado, al limitar la libre acuñación y el poder liberatorio de laplata. Hasta Méjico, el primer productor de plata, adopta el patrón oro en 1905.Inglaterra tuvo desde principios del siglo XIX el oro como único patrónmonetario, con la libra esterlina definida oficialmente con base en el oro, aunqueinicialmente fue una unidad de plata (libra carolingia). Es cierto que se acuñabanpiezas de plata (shillings), pero la plata no gozaba de libre acuñación ni poderliberatorio ilimitado. Inglaterra recibía el oro de Brasil via Portugal, que ya habíaadoptado el patrón oro en 1854.

En resumidas cuentas, cuando en 1914 estalla la Primera Guerra Mundial, losprincipales países del mundo eran monometalistas oro, salvo España y creo queChina, aunque en honor a la verdad no faltaron tentativas en nuestro país antesde 1914 de adoptar el patrón oro aumentando la base oro de la circulaciónfiduciaria. Me refiero a los proyectos de Navarro Reverter y de González Besadade 1906 y de Rodrigáñez de 1912. Calvo Sotelo lo intentaría durante laDictadura de Primo de Rivera, como después comentaré.

No acaban aquí las diferencias de la peseta con respecto a otras monedas.Durante la Primera Guerra Mundial, muchos países abandonan el patrón oro y latendencia posterior es a no restablecerlo o, si se restablece, a abandonarlo denuevo al resultar imposible o inconveniente mantener la paridad oro depreguerra. Francia lo restablece con convertibilidad limitada en la reformaPoincaré de 1928 pero lo abandona definitivamente en 1936; Inglaterra vuelve alpatrón oro, también con convertibilidad limitada, en 1925 - recuerden "lasconsecuencias económicas de Mr. Churchill" - pero lo abandona en 1931.Roosevelt declara la no convertibilidad del dólar en oro en 1933.

Pues bien, en este contexto internacional, la ambición de la peseta es volver al patrón oro y a la paridad inicial. "El problema del cambio internacional de la peseta - escribe Juan Velarde (2002:11), el mejor conocedor de este período - se acabó por convertir en una obsesión de los gobiernos sucesivos. En la etapade la Dictadura incluso pasó a ser el problema por excelencia, y lo que explicaese intento de aproximación al patrón oro que se ha señalado. De algún modo[sigo con la cita del profesor Velarde] se consideró que retornar a la vieja paridadde 1868-1869 - 1 dólar, igual a 5 pesetas; 1 libra esterlina, igual a 25 pesetas; 1franco francés, belga, o suizo, 1 lira italiana y 1 dracma griego, iguales a 1peseta - iba a ser la señal de que nuestra economía convergía con la de lospaíses más importantes."

Cambó titula en sus memorias "fantasía financiera de Calvo Sotelo" el apartadoque dedica a la cuestión. Escribe Cambó (1981: 388-9) (traduzco del catalán):"En 1928 el mundo vivía un período de euforia del que, naturalmente, llegabanfavorables repercusiones a España. José Calvo Sotelo creyó que [las mejoras]eran cosa suya. Calvo Sotelo creyó que había llegado el momento en el que sepodía llevar a la peseta a la paridad oro y pensó que ello sería una expresión depotencia y gloria que situaría a España y a su Gobierno en un lugar envidiableentre todos los pueblos. Aun no se habían visto, por más que ya se notaban, lasconsecuencias que habría de tener para Inglaterra la revalorización queChurchill lanzó el año 1926 de la libra, llevándola a la paridad oro. Calvo Soteloquería actuar de la misma manera y valiéndose de un artículo de mi Ley deOrdenación Bancaria se libraba a toda suerte de manipulaciones cambiariaspara ir provocando una subida progresiva de la peseta. Naturalmente, losindustriales empezaron a notar los efectos, pero nadie se atrevía a plantar cara auna política que se presentaba como de apoteosis nacional." Tras no quererhacerlo en una conferencia en el Fomento del Trabajo Nacional por razonesidiomáticas - no se podía privar a ningún español de entender lo que Cambó ibaa decir, según el Gobierno Civil - Cambó expone su punto de vista en una cartaabierta al Dictador que es bien recibida por la opinión pública, perovirulentamente contestada por Calvo Sotelo. La polémica Cambó-Calvo Soteloes posiblemente la más acre que ha habido en torno a la peseta y por ello hepensado que merecía la pena recordarla.

El dictamen de la Comisión nombrada por Real Orden de 9 de enero de 1929para el estudio de la implantación del patrón oro, escrito por Flores de Lemus,zanjó definitivamente la cuestión del patrón oro, en contra de su adopción.

Sobrevaloraciones y depreciaciones

Con posteridad, más que de elección de un ancla monetaria distinta, cabe hablarde mantenimiento de un tipo de cambio inadecuado por sobrevalorado dentro deun esquema monetario correcto. Así ocurrió con el plan de defensa del valor dela moneda de Indalecio Prieto y Julio Carabias en 1931, ya en la República, queimplicó la obtención de empréstitos en libras y francos garantizados por orodepositado en Mont de Marsan, el único recuperado, en parte, después de laGuerra Civil, lo que no ocurrió con el famoso oro de Moscú.

También durante la República, entre 1933 y 1935, se decidió ligar el cambio dela peseta al del franco francés e indirectamente al oro (recuérdese que Franciano abandonó totalmente el patrón oro hasta 1936), lo que implicó unasobrevaloración que castigó a la economía real.

Idéntico error se cometió después de la Guerra Civil cuando la peseta se ligó aldólar a un tipo arbitrario de 11 pesetas (en Tánger cotizaba entre 20 y 30pesetas), situación que se trató de remediar primero con el absurdo sistema decambios múltiples, es decir diferenciado según la clase o naturaleza de lastransacciones, y después se resolvió satisfactoriamente con la adopción de untipo de cambio de 60 pesetas/dólar en el Plan de Estabilización de 1959. ManuelVarela Parache conoce, como nadie, los detalles.

No pertenecería a las categorías que estamos comentando el episodio desobrevaloración de la peseta registrado a finales de los años ochenta del siglopasado. La peseta estaba en el patrón monetario adecuado - el mecanismo detipos de cambio (MTC) del Sistema Monetario Europeo (SME) - y dicho patrónno sólo no fue causa de la sobrevaloración sino que la limitó. Las autoridadesmonetarias no sólo no deseaban la apreciación de la peseta sino que intentabanfrenarla mediante intervenciones cambiarias con la finalidad de no rebasar ellímite superior de la banda de fluctuación del MTC del SME.

En estas condiciones la política monetaria resultaba extremadamentecomplicada: por un lado, requería de tipos altos para absorber la liquidezderivada del aumento de reservas resultante de las intervenciones y paracompensar los efectos inflacionistas del déficit público pero, al mismo tiempo,tipos de interés más reducidos hubiesen reducido el flujo de entrada de capitalexterior que llegaba atraído por las expectativas de ganancias. Al final, comosiempre acaba ocurriendo cuando el tipo de cambio de una moneda noresponde a los fundamentos económicos, cuando se confunde fortaleza consobrevaloración, el mercado impuso su ley y la peseta tuvo que ser devaluadaen cuatro ocasiones entre 1992 y 1995 hasta alcanzar el nivel de tipo de cambiorealista con el que se ha integrado en el euro. Luis Ángel Rojo lo protagonizó y loha explicado muy bien en su artículo "El largo camino de la política monetariaespañola hacia el euro" (2001)

Conclusión

Permítanme que retroceda casi dos siglos, hasta 1820, para evocar un texto enel que Gonzalo de Luna, en su obra "Sobre la situación y estado de la Europa enrelación al numerario" recomienda a las naciones de Europa: "sobre todo [leotextualmente] la igualdad en las monedas. Si éstas se fabricasen de una mismaley, y si es dable de una misma figura y peso por todas partes, podrían circularde unas a otras potencias sin el menor inconveniente. Con esto (…) la creaciónde riqueza sería incomparablemente mayor en todas partes". Gonzalo de Lunatermina con el siguiente exhorto: "Naciones de Europa: vuestros adelantos yprosperidad nacional respectiva, o por el contrario, vuestra decadencia y tal vezvuestra ruina están interesadas en las medidas enunciadas. Las luces del siglolas reclaman; la razón las dicta; la prudencia las aconseja; la política las exige."(1974:211)

Termino como lo habría hecho don Gonzalo de Luna, diciendo: "he dicho."

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