La culminación de la Unión Monetaria Europea

Eugenio Domingo Solans, Miembro del Consejo de Gobierno y del Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo, Conferencia en el Club Siglo XXI. Madrid, 24 enero del 2002.

Introducción

Antes de empezar a decir lo que he venido a decirles, quiero agradecer al Club Siglo XXI que me haya vuelto a invitar a hablarles y a Ángel Rojo que haya aceptado hacer la presentación.

Ángel Rojo es el español que, desde puestos técnicos, más ha hecho para que el euro exista y sea además nuestra moneda. Por mucho tiempo y desde hace mucho tiempo contribuyó a poner orden en la política económica española junto con otros grandes economistas como Sardá Dexeus, Fuentes Quintana, Velarde Fuertes, Varela Parache y Álvarez Rendueles, entre otros. Como Gobernador del Banco de España, Vicepresidente del Instituto Monetario Europeo (IME) – recuerden, la institución predecesora del Banco Central Europeo (BCE) – y como miembro del Consejo de Gobierno del BCE su quehacer ha sido clave para la realización y consolidación de la Unión Monetaria Europea y para la integración en ella de la economía española. Su esfuerzo, inteligencia, independencia y prudencia le han permitido hacer lo que ha hecho. Además, quisiera destacar que desde su Cátedra de Teoría Económica, cuando ha podido y le han dejado, el profesor Rojo también ha sido quien más ha hecho por la difusión de la macroeconomía en nuestras Universidades, contribuyendo con ello decisivamente al progreso de las ciencias sociales en España.

La introducción de los billetes y monedas de euro

Lo que el profesor Rojo tan decisivamente ha contribuido a construir – la Unión Monetaria Europea – está culminando estos días con la introducción de los billetes y monedas denominados en euros y la paralela retirada del numerario denominado en moneda nacional.

Para poner en circulación billetes y monedas, primero hay que producirlos, lo cual ha constituido un desafío sin precedentes. Para conseguirlo, en el caso concreto de los billetes, responsabilidad del Eurosistema, hemos ensamblado y coordinado una capacidad total de producción de unos 1.000 millones de billetes al mes, es decir 33 millones diarios, 1.400.000 por hora, 23.000 por minuto, cerca de 400 billetes por segundo, incluyendo noches y festivos porque, efectivamente, ha habido imprentas que han trabajado en algunos momentos en cuatro turnos. Con esta capacidad de producción podríamos, si fuera menester, volver a producir sólo en dos meses todos los billetes de euro que se pondrán en circulación en España o sólo en dos días los de Luxemburgo.

En total se han acuñado más de 51.000 millones de monedas e impreso cerca de 16.000 millones de billetes, incluyendo la reserva central. Los billetes se han producido en 14 fábricas distintas de la Unión Europea, una de ellas, además, operando en dos plantas (Giesecke & Devrient tiene factorías en Leipzig y en Munich), siguiendo diferentes técnicas de producción y usando materias primas procedentes de más de cuarenta proveedores, entre los que se cuentan nueve fábricas de papel y diferentes empresas auxiliares. En el caso español, debo decir que la contribución de la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre (FNMT) y de su factoría de papel de Burgos, dirigidas por Gonzalo Ferre, ha sido decisiva para el éxito de la operación. Los billetes incorporan los últimos avances en técnicas de impresión litográfica y calcográfica y en características de seguridad, han tenido que estar disponibles a fecha fija y todos los billetes deben ser idénticos a los ojos del público y para los sensores de las máquinas, puesto que circularán por toda el área con independencia de donde hayan sido inicialmente emitidos. También debe repararse en las complejidades legales y administrativas subyacentes.

En conclusión, la producción de billetes de euro ha significado para el Eurosistema – y en particular para el Banco Central Europeo (BCE), como coordinador y controlador de la operación – un desafío de una escala y complejidad tal que nada tiene que ver con lo que cualquier banco central del mundo ha tenido que afrontar hasta el presente en este campo.

Tras la producción de los billetes y monedas de euro, la segunda parte de la operación ha consistido en su puesta en circulación y canje de las monedas y billetes nacionales, cuestión de plena actualidad a la que paso a referirme con más detalle.

Sin triunfalismos – que no me gustan – la operación está siendo un éxito, un éxito de todos los europeos naturalmente. Claro está que no han faltado incidentes y quejas. ¿Cómo podría no haberlos en una operación que ha movilizado a 300 millones de habitantes de la euroárea y a muchos de fuera de ella, en la que han participado profesionales de muy distintos sectores y que ha obligado a coordinar actividades desarrolladas en los doce países de la Unión Monetaria y en algunos de fuera de ella? Algunas piezas defectuosas, algunas falsificaciones burdas que no merecen tal nombre, algunas colas en bancos y comercios más largas de lo habitual, algún temor infundado sobre la insalubridad de alguna pieza y poco más. En comparación con la magnitud, el alcance y la complejidad de la operación, todo ello puede considerarse la excepción que confirma la regla, que confirma el éxito. Repito: un éxito de todos.

Las cosas han salido bien porque se han preparado bien, es decir, con antelación, con diálogo, con coordinación y con un seguimiento y control minuciosos. La operación ha sido un éxito porque muchos profesionales han realizado un esfuerzo organizativo, logístico, técnico y económico extraordinario en las oficinas bancarias, en los comercios al por menor, en los vehículos que transportan caudales, en las fábricas que producen máquinas aceptadoras de billetes, en las redacciones de los periódicos, en las Administraciones públicas nacionales y comunitarias, en los bancos centrales nacionales y en el propio BCE. Aunque, logísticamente, la planificación estaba bien hecha y contaba con la contribución de los sectores directamente implicados, me consta que si no hubiese sido por el esfuerzo de los profesionales de las entidades bancarias, de los grandes comercios, de los pequeños minoristas y de los transportes de fondos hubiera habido problemas. Algunos han llevado su compromiso personal hasta comportarse como si el resultado de toda la operación sólo dependiera de ellos, lo cual, a la postre, ha acabado siendo cierto. En nombre del Eurosistema, agradezco la dedicación y la profesionalidad mostradas. Gracias por hacer que el éxito de la operación haya dependido en determinados aspectos, lugares y momentos de la responsabilidad de unos hombres y mujeres concretos. Gracias por "humanizar" la llegada del euro físico.

Pero déjenme que me recree algo más en lo sucedido. Si tuviera que identificar las claves del éxito de la introducción del euro físico eligiría las siguientes. Consecución de los objetivos de producción en cantidad, tiempo y calidad. Empezar con mucha antelación la predistribución de billetes y monedas a los profesionales. No aprobar, en cambio, la predistribución de billetes al público en general, en contra de la recomendación del Parlamento Europeo y de los legítimos intereses particulares de determinados grupos, lo que evitó confusión entre los consumidores, una carga adicional para las entidades de crédito y puso orden en la operación. No es lo mismo predistribuir un medio de pago – billetes – que predistribuir lo que fundamentalmente es un medio para redondear pagos, para pagar el precio exacto, como son las monedas.

Sigo con la enumeración de las claves del éxito. Negociar con la Federación Bancaria Europea, la Asociación Europea de Cajas de Ahorros y demás representantes de las entidades crediticias un modelo de débito aceptable por todas las partes. Proporcionar, ya desde la primavera del 2000, billetes de euro a los fabricantes de máquinas aceptadoras para que afinasen los sensores, con el riesgo de que, pese a las fuertes medidas de seguridad que, obviamente, se adoptaron, se pudiera preparar con tiempo una falsificación profesional por culpa de algún empleado desleal. Proveer de estuches a los minoristas para que practicaran con los nuevos billetes y monedas. Preparar el canje al euro fuera de la Unión Monetaria, predistribuyendo euros a través de entidades bancarias y a través de 26 bancos centrales principalmente del este de Europa, del Mediterráneo y de Africa.

También ha sido una clave del éxito de la introducción del euro físico la buena coordinación del Eurosistema con el ECOFIN y el Eurogrupo – aquí debo mencionar a Rodrigo Rato –, con la Comisión Europea – Pedro Solbes –, con Europol – Jürgen Storbeck – y, naturalmente, con las autoridades nacionales. Encontrar un justo equilibrio entre centralización y descentralización de la operación, aparte de un imperativo legal, fue un acierto logístico.

Dentro del Eurosistema, es decir, entre los bancos centrales nacionales y el BCE la coordinación también ha funcionado bien, aunque ello era más fácil y predecible. En particular, fue una buena idea crear CashCo, el comité interno de seguimiento, control y, si fuera menester, crisis de la operación. En relación con el papel de los bancos centrales nacionales, si se me permite un sesgo hacia el Banco de España, por razones obvias, destacaría la labor de su Gobernador, Jaime Caruana, quien casi nos está haciendo olvidar a Angel Rojo en Francfort y la del Director General responsable del área de billetes, Javier Aríztegui, quien también casi nos está haciendo olvidar a Gonzalo Gil en este cometido.

Creo que la información facilitada por parte de las autoridades nacionales y por parte del Eurosistema ha sido también la adecuada. En este punto cabe recordar el acierto del lema "el euro, nuestra moneda", que debemos a la agencia Publicis, difundido por todo el mundo en anuncios de TV y de periódicos, en páginas web, en estuches con material informativo para cajeros profesionales y para medios de comunicación y en 200 millones de folletos escritos en un total de 38 lenguas oficiales europeas, lenguas regionales de países europeos y lenguas extranjeras. La crítica constructiva y el afán informativo de los medios de comunicación, convertidos a menudo en pedagogos de la operación, debe también subrayarse. Las asociaciones de consumidores también han colaborado con ahínco.

Todo ello, y quiero creer que algo más, ha hecho que el público europeo comprendiera la importancia de la operación de canje de billetes y monedas nacionales por euros, la aceptara, se identificara con ella, se hiciera protagonista de ella y, en muchos casos, hasta se ilusionara y entusiasmara con ella. La acogida al euro físico ha superado claramente la nostalgia por la retirada de los billetes y monedas nacionales.

Dos puntos de la operación de canje al euro físico merecen un comentario adicional. El primero es explicar que una demanda inicial de euros por parte del público mayor de la esperada, unida a las limitaciones de capacidad de las compañías de transporte de fondos para retirar en poco tiempo la moneda nacional – recuérdese que dispusieron de hasta cuatro meses para efectuar la operación inversa de predistribuir los euros – hizo que, en los primeros días de la operación, la cifra total de billetes circulando fuera de los bancos centrales se incrementara por encima de las previsiones. Haciendo un símil hidráulico podríamos decir que el grifo de entrada de euros estaba preparado, si el público lo pedía, para suministrar más caudal que el que podía desaguar el desagüe de moneda nacional porque el suministro del grifo de euros se había podido preparar en cuatro meses (predistribución de euros de septiembre a diciembre del 2001), pero no obviamente el desagüe, por lo que el depósito (la circulación fiduciaria) se llenó más de lo previsto.

La circulación fiduciaria es uno de los factores autónomos que absorbe liquidez del sistema bancario al obligar a las entidades crediticias a adquirir en el banco central los billetes y monedas demandadas por el público. Para evitar tensiones de liquidez en el sistema debidas al aumento de la circulación fiduciaria, el Eurosistema adjudicó los días 4 y 10 de enero, en sendas operaciones no regulares de ajuste consistentes en subastas rápidas, 25.000 millones de euros al 3,30% y 40.000 millones de euros al 3,18% respectivamente, esto es, sólo cinco y tres puntos básicos por encima del tipo mínimo. Dichas operaciones de ajuste no significan, como se pudo haber interpretado, que se ponían en circulación más billetes porque el Eurosistema se había quedado corto sino, como habrán comprendido, más bien lo contrario. Es precisamente el exceso de circulación de billetes, que es un pasivo del balance del banco central, lo que como contrapartida genera un aumento de las necesidades de liquidez del sistema bancario. Aunque al no experto le pueda parecer paradójico, es el aumento y no la escasez del volumen de billetes en circulación lo que reduce la liquidez del sistema bancario y obliga al banco central a suministrar liquidez adicional a los bancos. Todo esto ocurrió entre bastidores y en ningún momento afectó ni a la operación del canje en sí ni, por supuesto, al público europeo.

El segundo aspecto que debe mencionarse en relación con la operación de canje – y ello sí pudo tener en lugares concretos alguna incidencia menor en el público – es que se ha producido un cierto desfase, que se va corrigiendo, entre la rapidez, mayor de la prevista, con la que el euro se ha introducido en sustitución del numerario nacional y la velocidad con la que, de acuerdo con lo previsto, está resultando técnicamente posible adaptar los sensores de las máquinas aceptadoras de billetes y monedas al euro. En el propio interés de los sectores afectados, el ritmo de adaptación de las máquinas se está acelerando al máximo, pero hay que tener en cuenta que estamos hablando de un parque de unos diez millones de máquinas, sin contar las que sólo funcionan con dinero electrónico. Al día de hoy, en el conjunto de la euroárea ya se han adaptado del orden del 85% de las máquinas aceptadoras de billetes y monedas, por lo que entiendo que, aunque el montante de monedas nacionales en circulación sea ya pequeño, no debemos tener mayores incidencias. Quienes han empezado a sugerir que el periodo de aceptación de la moneda nacional debería haber sido más corto, o que debería acortarse, deben tener presente este tipo de pagos en efectivo, amén de no olvidar que aunque el grueso del cambio ya se ha hecho, todavía restan excepciones marginales que una buena planificación debe contemplar.

La culminación geográfica de la Unión Monetaria Europea

La puesta en circulación de las monedas y billetes de euro significa la culminación funcional de la Unión Monetaria Europea. Resta a partir de ahora completarla desde el punto de vista espacial o geográfico, integrando en ella a los restantes países de la Unión Europea y a aquéllos que en el futuro accedan a la Unión.

Nada en Europa se desarrolla contra la voluntad de sus ciudadanos y la posición del Eurosistema con respecto a la integración de nuevos países en la Unión Monetaria no puede ser otra, naturalmente, que la de total respeto a dicha voluntad. A partir de ahí, a mí me parece que estar en la Unión Europea y no estar en la Unión Monetaria Europea es una anomalía, sea cual fuere la causa de ello: incapacidad o rechazo al cumplimiento de los criterios de convergencia nominal prescritos en el Tratado de Maastricht (Grecia hasta el 2000, Suecia y los países candidatos desde que accedan a la Unión Europea) o firma de una fórmula de "opt in" o de "opt out" (Reino Unido y Dinamarca, respectivamente). Si se cumple el prerequisito de la convergencia nominal, no tener la misma moneda estando en el mismo mercado puede producir distorsiones y desequilibrios debido a las variaciones en el tipo de cambio de la moneda nacional con respecto al del euro con el consiguiente efecto sobre la competitividad nominal. Si el tipo de cambio de la moneda nacional está fijado al del euro, como ocurre con la corona danesa, la situación es comparable a la de quien está dispuesto a cumplir las obligaciones impuestas a los miembros de un club sin pertenecer a él ni disfrutar de los derechos de ser socio. Se mire por donde se mire, situaciones anómalas.

Ante la futura entrada de nuevos países en la Unión Europea, es oportuno recordar que el Tratado establece, inequívocamente, la necesidad de cumplir de forma sostenible y duradera los criterios de convergencia de Maastricht para acceder a la Unión Monetaria. Las ideas de sostenibilidad y durabilidad de la convergencia se encuentran claramente recogidas, con carácter general. en el artículo 109 J.1 del Tratado, así como en el Protocolo número 6, artículo 1, del mismo, en este último caso en relación con la inflación.

"Más Europa"

Con la aceptación e incluso la ilusión por el euro, los ciudadanos europeos nos han enviado un mensaje claro a quienes tenemos responsabilidades políticas o institucionales en la Unión Europea. Dicho mensaje se puede resumir en dos palabras que coinciden, precisamente, con el lema de la Presidencia española de la Unión: "más Europa". Sin perder sus raíces regionales o nacionales, sin renunciar a lo imprescindible de cada comunidad, sin menoscabo de lo propio de cada cual, los europeos nos han dicho que quieren seguir progresando en común, que quieren seguir integrándose, que han entendido que por Europa vale la pena renunciar a lo prescindible de cada nación, aunque lo prescindible sea algo tan importante como la moneda nacional, la soberanía monetaria, nada menos que renunciar al poder de emitir dinero.

Con la introducción del euro, los europeos hemos decidido despolitizar nuestro dinero – independencia del Eurosistema – y desnacionalizar nuestro dinero - Unión Monetaria Europea. Cuando la operación esté concluida, a más tardar el 28 de febrero próximo, todos los pagos en nuestra moneda se materializarán en euros, todos los depósitos de valor en efectivo confiados a nuestra moneda estarán denominados en euros y nuestra única unidad de cuenta propia será el euro, es decir, definitivamente todos los precios y valores económicos se expresarán en euros de Irlanda a Grecia, de Finlandia a España. Algo realmente formidable, por poco que se repare en ello. Sólo la inmediatez de lo sucedido impide disponer de la perspectiva suficiente para calibrar la magnitud de lo que hemos logrado.

Quienes se preguntan si una unión monetaria puede subsistir sin una plena unión política no tienen en cuenta que la despolitización y la desnacionalización no sólo no le pueden sentar mal sino que precisamente le sientan muy bien a cualquier moneda cuyo objetivo sea prioritariamente la estabilidad y renuncie a servir a otras finalidades político-económicas incompatibles con la estabilidad, o, simplemente, que renuncie a servir a finalidades políticas. Desde luego, con lo que ya tenemos ahora, el euro no es que pueda ser sino que ya es una moneda estable, sólida, fuerte e internacional, que no hará más que afianzarse en estos aspectos en el futuro. El euro podrá no estar fuerte, pero es una moneda fuerte.

El recado que nos han mandado los europeos con su aceptación del euro contiene, sin duda, mensajes políticos, sociales y económicos. Permítanme que me limite a darme sólo por enterado de los económicos. Pienso, sencillamente, que políticamente Europa es y será lo que los europeos queremos y queramos que sea.

Sin perjuicio de que se avance políticamente en la integración europea sobre la base de grandes planteamientos – Federación Europea, Constitución Europea, etc. – quiero subrayar la importancia que para la Unión están teniendo las realizaciones concretas y pragmáticas. Sentimos una necesidad de integración adicional en un campo concreto – por ejemplo, el monetario –, pensamos cómo funcionalmente la podemos satisfacer – por ejemplo, con una nueva moneda única – y diseñamos la institución que puede llevar a cabo dicha función – el Eurosistema. Necesidad-función-institución: esta es la secuencia que se está demostrando fructífera para tener "más Europa", repito, sin perjuicio de planteamientos más ambiciosos.

De la Unión Monetaria a la Unión Económica y Monetaria Europea

El momento es óptimo para suscitar y articular las reformas económicas pendientes que Europa necesita. Partimos de un caldo de cultivo inmejorable que es la vitalidad pro europea de los ciudadanos inequívocamente plebiscitada con la introducción del euro físico. Tenemos en el euro y en la Unión Monetaria el mejor catalizador para activar y acelerar cualquier acción. Tenemos finalmente una idea clara de las dos direcciones hacia las que debe apuntar la tarea reformadora: completar la integración de nuestros mercados y hacer que dichos mercados sean más flexibles, menos intervenidos, más dinámicos, sin perjuicio de la solidez del marco social que caracteriza a nuestro estilo socioeconómico. En dos palabras: integración y liberalización, conceptos tan vinculados como las dos caras de una moneda. Se trata, en definitiva, que la culminación de la Unión Monetaria sirva de base para culminar también la Unión Económica y Monetaria.

El modelo socioeconómico europeo, la Unión Económica y Monetaria que, tras la culminación de la Unión Monetaria, estamos obligados a desarrollar plenamente descansa sobre cuatro pilares: estabilidad monetaria, equilibrio presupuestario a medio plazo, políticas de oferta que faciliten la competencia, la innovación y la eficiencia y una política social acorde con la tradición europea al respecto.

La estabilidad monetaria es responsabilidad principal del Eurosistema y se consigue con la simple aplicación de tres reglas básicas contenidas en el Tratado de Maastricht: independencia de los bancos y de los banqueros centrales, una política monetaria orientada prioritariamente a la estabilidad de precios y prohibición de financiar al sector público por parte de los bancos centrales.

El equilibrio presupuestario a medio plazo es una condición necesaria para que la política monetaria pueda conseguir la estabilidad de precios sin costes excesivos, es decir, sin un nivel de los tipos de interés nominales o una restricción de la liquidez que sean desalentadores de la inversión no financiera y de la asunción de riesgos empresariales, lo que cohibiría la demanda y perjudicaría la oferta. El estricto cumplimiento del Pacto de Estabilidad y Crecimiento es la garantía europea de equilibrio presupuestario a medio plazo. Permítanme subrayar el adjetivo "estricto" aplicado al cumplimiento del Pacto de Estabilidad y Crecimiento, esto es, cumplimiento sin reinterpretaciones, sin relecturas, sin flexibilidad. A quienes lo tengan más difícil cabe recordarles que tiempo ha habido para retejar los Presupuestos públicos cuando ha hecho bueno en Europa.

Nuestra auténtica asignatura económica pendiente es la política de oferta, la política de mercado. Los mercados europeos, catalizados por el euro, deben completar su armonización e integración en muchas áreas tales como servicios financieros, transporte, energía, fusiones y adquisiciones de empresas, patentes y marcas, leyes concursales, etc.

En el caso de la integración de los servicios financieros, subsisten tres grandes grupos de obstáculos: el formado por las barreras de naturaleza normativa, el derivado de una insuficiente coordinación del sector privado y el resultante de la subsistencia de inercias nacionalistas de índole política o cultural. Las conclusiones del Comité Lamfalussy de Sabios – uno de ellos, por cierto, Angel Rojo – o de los Grupos Giovannini o del recientemente establecido entre el Comité de Reguladores de Valores Europeos y el BCE permitirán adoptar medidas como las 20 propuestas legislativas incluidas en el Plan de Acción de Servicios Financieros aprobado por el Consejo de la Unión Europea.

En todo caso, debe quedar claro que la armonización legal no es suficiente y que debe completarse con iniciativas privadas de coordinación como la que dio como resultado el establecimiento del EONIA y de su mercado de swaps a partir de 1999. También debe reforzarse la cooperación entre las autoridades nacionales responsables de la supervisión prudencial y de la estabilidad financiera en coherencia con la existencia de un mercado único bancario. Mercado único bancario que – todo hay que decirlo – no se compadece con las dificultades que en ocasiones algunas entidades bancarias han encontrado para desarrollar fórmulas de integración con otras entidades del área.

Unos mercados financieros europeos más integrados son más amplios, más líquidos y más sofisticados que los nacionales, lo que permite satisfacer mejor las necesidades de los prestamistas y de los prestatarios y emitir señales a través de los precios que sirvan a todos los agentes económicos de mejores referencias de rentabilidad y de riesgo.

La integración económica suscita dos tipos de respuestas por parte de los agentes: la respuesta cooperativa, de la que ya hemos hablado y la respuesta de una mayor competencia, a la que las autoridades tienen que dar adecuado cauce con un marco regulador apropiado, con una política de mercado o de competencia. La idea de marco regulador se contrapone a la de intervenir, interferir o entrometerse. Los poderes públicos han de establecer las reglas del juego y arbitrar, pero ni jugar ni decirle al jugador cómo ha de jugar. Establecido el marco regulador, hay que dejar que el mercado laboral, el mercado financiero y los distintos mercados sectoriales funcionen libremente con la finalidad de que las señales que emitan a través del sistema de precios relativos no estén distorsionadas y permitan que la oferta responda a la demanda eficientemente, que se desarrolle la creatividad y la innovación empresarial y los recursos se asignen a los usos más productivos. El ámbito de la libertad económica podrá ser más o menos amplio pero sus contornos y contenidos deben ser diáfanos. Libre competencia no significa ausencia de reglas sino ausencia de interferencias.

Un marco regulador especialmente importante es el que se refiere a la política social. Quiero indicar al respecto que la estabilidad de precios que persigue la política monetaria del BCE es una condición para la protección social, en la medida en que favorece el crecimiento económico y la creación de empleo y evita la pérdida de poder adquisitivo de las rentas y del ahorro. Además de distorsionadora, la inflación es, por encima de todo, injusta.

La política social no debe diferir en su establecimiento y desarrollo de otras reglas que también enmarcan al mercado libre: establézcase un marco social tan robusto como se quiera o permitan las disponibilidades presupuestarias, pero, de nuevo, los contornos deben ser diáfanos y la acción protectora debe realizarse sin obstaculizar el funcionamiento del mercado, igual que un marco protege y realza al cuadro sin obstaculizar su visión. Esta es la única manera de hacer compatible la eficacia económica con la justicia social en Europa.

Conclusión

De todas cuantas metáforas conozco de Europa, la que más me gusta es la del enjambre y las abejas de Ortega. Está en el "Prólogo para franceses" de "La rebelión de las masas", escrito en Holanda en 1937, en tiempos difíciles. No me resisto a leerlo: «La unidad de Europa no es una fantasía, sino que es la realidad misma y la fantasía es precisamente lo otro: la creencia de que Francia, Alemania, Italia o España son realidades sustantivas e independientes.» (Es curioso que Ortega sólo cite a los países grandes de la actual Unión Monetaria y no mencione a Inglaterra). Sigo con la cita de Ortega: «Se comprende, sin embargo, que no todo el mundo perciba con evidencia la realidad de Europa, porque Europa no es una "cosa" sino un equilibrio (...). El equilibrio o la balanza de poderes es una realidad que consiste esencialmente en la existencia de una pluralidad. Si esta pluralidad se pierde, aquella unidad dinámica se desvanecería. Europa es, en efecto, enjambre: muchas abejas y un solo vuelo.» Y unos párrafos más adelante Ortega remata la idea: «La libertad y el pluralismo son dos cosas recíprocas y ambas constituyen la permanente entraña de Europa.»

Bien mirado, esta noche me habría podido ahorrar – les podría haber ahorrado – muchas palabras, porque esto es, precisamente, lo que había venido a decirles.

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