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Entrevista con la Leading European Newspaper Alliance -LENA

Entrevista a Benoît Cœuré, miembro del Comité Ejecutivo del BCE,
por Dominique Berns, Le Soir, Anja Ettel, Die Welt, Manon Malhère, Le Figaro,
publicada el 11 de noviembre de 2015

¿Con cuántos banqueros se ha reunido esta semana?

Lo sabrá en febrero, cuando las agendas de los miembros del Comité Ejecutivo del BCE comiencen a publicarse regularmente y pueda consultar la lista de mis reuniones de noviembre de 2015. La decisión de publicar periódicamente las agendas de los miembros del Comité Ejecutivo es la continuación de una serie de iniciativas que tratan de aumentar la transparencia del BCE, como la publicación de reseñas de nuestras reuniones de política monetaria o el establecimiento de reglas nuevas, más claras, sobre nuestras intervenciones públicas.

Respecto a las agendas, ¿no les empujaron a publicarlas los medios de comunicación?

No, ya lo teníamos pensado. Era una decisión natural, pues es la norma que siguen las grandes instituciones públicas, especialmente la Comisión Europea. Si la publicación de las agendas sirve para evitar malentendidos, mucho mejor, eso demostrará la utilidad de la iniciativa. El debate público nos permite mejorar nuestro funcionamiento.

¿En serio no pensó que reunirse con alguien del BNP Paribas el mismo día en que el Consejo de Gobierno tomaba una decisión capital en materia de política monetaria podía despertar sospechas sobre su independencia?

¿En serio cree que hay algún riesgo? Nuestra independencia con respecto a los bancos es conocida. Esa persona estaba de paso en Fráncfort y puedo asegurarle que la política monetaria no fue el tema que tratamos. Que quede claro: en nuestras reuniones, nunca divulgamos información sensible ni damos indicaciones sobre la orientación futura de la política monetaria. Va contra nuestras reglas.

Publicar sus agendas tal vez no sea suficiente. ¿Por qué no definir un «quiet period», como hace el Banco de Inglaterra, durante el cual no se permitan esta clase de encuentros?

Si debemos endurecer nuestras reglas porque existe en el público una percepción incorrecta de nuestro comportamiento, las endureceremos. Los bancos centrales son instituciones públicas, y la percepción de lo que hacemos es importante. Pero no vamos a dejar de hablar con los mercados. La comunicación con los actores del mercado es una parte fundamental de la política monetaria. Más aún ahora que el BCE está aplicando instrumentos nuevos —no convencionales— de política monetaria.

Los mercados financieros parecen pensar que, a partir de diciembre, el BCE va a reforzar su política monetaria acomodaticia de compra de activos —la «expansión cuantitativa»—. ¿Están en lo cierto?

La decisión no está tomada. El debate sigue abierto. La reactivación de la zona del euro va por buen camino, se acelera, pero sigue siendo débil, mientras que las expectativas de inflación han dejado de progresar y la inflación subyacente se ha parado. En diciembre, las proyecciones de los expertos del Eurosistema nos ayudarán a tomar una decisión.

El BCE ha enviado importantes señales a los mercados financieros. ¿No está ahora obligado a actuar?

No. Nosotros tomamos nuestras decisiones en función de la economía y no de los mercados financieros. La pregunta que nos hacemos en este momento es la siguiente: algunos factores específicos, como la bajada de los precios de las materias primas, ¿son transitorios? ¿O van a seguir impidiendo el retorno de la inflación al 2 % durante un período prolongado? Si la respuesta a la segunda pregunta fuese positiva, habría que tomar medidas suplementarias. Lo decidiremos en diciembre, en función de las informaciones de las que dispongamos entonces.

¿La decisión que tome en diciembre la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) —mantener sus tipos de referencia en cero o subirlos— influirá en ustedes?

No tendrá un impacto directo sobre nuestra decisión. Decida lo que decida la Fed, nuestro marco de política monetaria (tipo cero, liquidez, «forward guidance » y compras de activos) nos permite mantener los tipos de interés en un nivel bajo pase lo que pase en el resto del mundo. Nuestra política protege la curva de tipos de interés en euros frente a las perturbaciones exteriores. Lo que nos interesa sobre todo es lo que la decisión de la Fed nos dirá sobre la economía estadounidense. Si la Fed sube sus tipos, significará que los indicadores de crecimiento y empleo en Estados Unidos son sólidos, lo que, en el fondo, sería una buena noticia para Europa.

Pese a todos los esfuerzos del BCE por inyectar liquidez, las grandes empresas de la zona del euro acumulan montañas de efectivo pero no invierten...

La política monetaria favorece la reactivación de la demanda y ha eliminado un obstáculo esencial para la inversión: la financiación. Quedan otros obstáculos por el lado de la oferta. La debilidad de la inversión, pese a que los costes de financiación son bajos, demuestra que faltan proyectos suficientemente rentables a largo plazo. Esto revela una falta de productividad e innovación. El BCE no puede hacer gran cosa al respecto. Existen, además, riesgos externos como la ralentización del crecimiento mundial y, más concretamente, de los grandes países emergentes.

En otras palabras: es inútil esperar que un eventual aumento de la expansión cuantitativa baste para estimular la inversión...

La expansión cuantitativa, al ampliar el horizonte de acción de la política monetaria, ha eliminado el obstáculo de la financiación. Los tipos de los préstamos a las empresas han bajado significativamente incluso en los países de la zona del euro que atraviesan dificultades. Lo que nosotros podemos y debemos hacer es mantener la confianza en un retorno de la inflación a nuestro objetivo del 2 %. El BCE, de acuerdo con su mandato, no puede aceptar que la inflación se estabilice alrededor del 1 %.

Usted pone sistemáticamente de manifiesto los riesgos de una inflación y de un crecimiento demasiado bajos. Pero riesgos siempre hay —el cielo podría desplomarse sobre nuestras cabezas—. Y mucha gente, en Alemania y otros lugares, al ver que los ahorros no les rentan casi nada, se preguntan si vamos a salir algún día de la expansión cuantitativa.

Hoy, los riesgos para el crecimiento y la inflación apuntan a la baja. El mejor servicio que el BCE puede prestar a los ciudadanos de la zona del euro es cumplir su mandato para que la inflación vuelva al 2 %, la economía despegue, se creen empleos y los productos que se exportan a la zona del euro encuentren mercados solventes. Somos conscientes de que los tipos de interés bajos también tienen efectos negativos, especialmente sobre el ahorro, y podrían plantear riesgos para la estabilidad financiera si permanecieran bajos durante demasiado tiempo. Nosotros no deseamos que esta política monetaria dure demasiado, pero la aplicaremos mientras sea necesario conforme a nuestro mandato.

¿Es decir?

Los Gobiernos deben actuar, hacer las reformas necesarias para consolidar la confianza y el crecimiento, y diseñar una política presupuestaria creíble. Si la política de crecimiento de la zona del euro descansa exclusivamente sobre los hombros del BCE, esto va a terminar mal. Por supuesto, no estamos en esa situación ni mucho menos. Pero percibimos la tentación de encomendarse totalmente al BCE.

¿Cuáles son concretamente las medidas clave que los Gobiernos deben poner en marcha para reactivar el crecimiento?

Mi opinión personal es que, según el país de que se trate, la reducción o reasignación del gasto público hacia gastos más productivos es una condición necesaria. Para estimular la inversión privada, es necesaria una acción fuerte y concertada de los Gobiernos. Europa necesita igualmente una clara perspectiva de refuerzo del mercado único, aún demasiado poco integrado en lo que respecta a los servicios. Además, es necesaria una apertura de los mercados hacia el resto del mundo, y me estoy refiriendo a las negociaciones sobre la Asociación Transatlántica para el Comercio y la Inversión, que creará oportunidades para nuestras empresas. Otro elemento determinante para mí es la estabilidad fiscal para las empresas.

Algunos economistas consideran que los Gobiernos deberían relanzar el crecimiento con políticas de expansión presupuestaria. Es lo que ha declarado recientemente el gobernador del Banco de Austria. ¿Comparte esta opinión?

Hay que hacer todo lo que sea posible, pero siempre dentro del respeto al Pacto de Estabilidad y Crecimiento (las reglas presupuestarias europeas).

El margen de maniobra es escaso...

En efecto. Algunos países tienen cierto margen de maniobra presupuestario que pueden utilizar, pero a los que no lo tienen no les aconsejamos que pongan en marcha políticas de expansión presupuestaria. La Comisión Europea debe aplicar el Pacto tratando de igual modo a los países pequeños y a los grandes.

Otro efecto de la expansión cuantitativa es que algunos países, como Italia, están suscribiendo préstamos con tipos de interés negativos. ¿Es esto deseable y va en beneficio de todos?

A veces oímos que la política del BCE debería ser menos acomodaticia porque genera incentivos inadecuados para los Gobiernos. Este razonamiento no es conforme ni al espíritu ni a la letra de los tratados europeos. El BCE no es —ni debe ser— un instrumento de política presupuestaria. Pero nosotros decimos a los Estados concernidos que deben aprovechar la situación actual, los beneficios obtenidos gracias a la bajada de los tipos, para reducir su endeudamiento y no gastar más.

Finalmente, ¿cree usted que el BCE saldrá de este estado de emergencia antes de que termine su mandato?

En lo que se refiere al estado de emergencia financiera, sí. Ahora el reto es el crecimiento a largo plazo.

Entonces, ¿la respuesta es no?

Digamos que, cada vez más, los desafíos que se le plantean a Europa no competen a la política monetaria.

Pasemos ahora a Grecia. El descontento social aumenta, las negociaciones entre el Gobierno de Alexis Tsipras y el «cuarteto» tropiezan ya con algunos puntos del nuevo plan de rescate... Los próximos meses podrían ser complicados, ¿no?

Nadie dijo que iba a ser fácil. El tercer programa, que ha sido aprobado por el Parlamento griego, es extremadamente ambicioso. Cubre terrenos que los Gobiernos precedentes no se habían atrevido a abordar y que ponen en tela de juicio ciertos derechos adquiridos, como la lucha contra las rentas en determinados sectores. No obstante, una dinámica positiva parece hacerse activado a partir del mes de julio y ya empieza a dar frutos. Los tipos de interés han bajado y el dinero vuelve a los bancos griegos. Y esto se va a acelerar con la recapitalización de los bancos que debería tener lugar a finales del año. Pero no será fácil...

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