La revolución tecnológica y la actividad del BCE

Eugenio Domingo Solans Miembro del Consejo de Gobierno y del Comité Ejecutivo del Banco Central Europeo Conferencia de clausura de las I Jornadas organizadas por El nuevo lunes sobre "El impacto de la revolución tecnológica en el sistema financiero español" Madrid, 24 de septiembre de 1999.

Introducción

Cuando recibí la amable invitación de "El nuevo lunes", que agradezco sinceramente, para intervenir en la clausura de las I Jornadas sobre "El impacto de la revolución tecnológica en el sistema financiero español" y empecé a pensar cómo orientar mi exposición, me pareció claro que las dos coordenadas básicas que debía tener en cuenta eran, por una parte, por supuesto, la innovación tecnológica y, por otra parte, la actividad de la banca central en general y del Banco Central Europeo (BCE) en particular. La tentación a resistir, por razones que espero que sean comprensibles, era referirse directamente a la banca privada, que es el sector al que, lógicamente, más atención se habrá prestado a lo largo de la sesión. Y hablo de "tentación a resistir" porque he trabajado más de trece años en la banca privada, por lo que sigo muy identificado con la realidad del sector.

En la indicada línea, como posibles cuestiones a tratar, yendo de lo concreto a lo general, entendí que podía referirme a la infraestructura de sistemas de información y comunicación que subyace bajo el funcionamiento de la política monetaria del BCE, a cómo vemos en el BCE el efecto 2000, al dinero electrónico, a los efectos de la innovación tecnológica sobre la política monetaria (con la paradoja de Solow incluida) y, si su paciencia lo permite, terminaría con algunas consideraciones generales sobre el mejor marco o ambiente económico para aprovecharnos de las ventajas de la innovación tecnológica que, a la postre, es de lo que se trata.

La expresión "revolución tecnológica" del título de esta jornada es amplia. Al aplicarse a la actividad del BCE queda lógicamente reducida a las tecnologías de la información y de la comunicación, que son las relevantes en nuestra institución.

La base tecnológica de la política monetaria del BCE

La primera idea se puede despachar rápidamente, puesto que es un mero recordatorio. Se trata de recordar a los expertos y hacer ver al público en general que detrás de las importantes decisiones de política monetaria que toma el BCE, que son lo más vistoso de su actuación y que se llevan los grandes titulares en los medios de comunicación, subyace una compleja base de sistemas, métodos y procedimientos que tienen que ver con las nuevas tecnologías de la información y de la comunicación y que, aunque no salen en los periódicos, hacen posible el funcionamiento de la política monetaria única y, en definitiva, la existencia del euro.

En más de una ocasión he afirmado públicamente que el euro va "más allá de la oferta y de la demanda" queriendo significar que es una viga maestra en la construcción del edifico político europeo. Hoy quiero rendir tributo, como miembro del Directorio del BCE directamente responsable de esta área, a las tecnologías de información y comunicación sobre las que se asienta el euro, que, si se me permite la expresión, están "más acá del euro". Como antes decía, no se hablará de ellas en los medios de comunicación, a menos que se produjera algún accidente. Aunque no sea noticia, quede no obstante constancia de que en el complicado cambio de las monedas nacionales al euro a comienzos de este año todos lo sistemas de información y comunicación funcionaron bien y que desde entonces no hay novedad en la sala de máquinas del Eurosistema. Dicho en términos periodísticos, aunque no merezca ser publicado, sepan que en Francfort un perro ha mordido a un hombre.

El BCE ante el efecto 2000

Lo que de verdad pienso sobre el efecto 2000 (debería decir sobre el efecto Y2K, para hacerlo más complicado), no lo pienso decir públicamente hasta el 1° de marzo del próximo año, una vez la última de las tres fechas bajo sospecha haya pasado. Las fechas baja sospecha son, como Vds. saben, el 9.9.99 (se ha superado sin novedad), el 1.1.00 y el 29.2.00, que señala un bisiesto al parecer incomprendido por algunos ordenadores.

Ante el efecto 2000, desde la perspectiva de cualquier banco central y, desde luego, desde la del BCE, hay que distinguir claramente dos subefectos: el de la estricta sustitución de los dígitos 99 por 00 en los ordenadores y el de cómo los mercados y el público piensan que esta sustitución les puede afectar. En otras palabras, por una parte la realidad y por otra la interpretación, expectativas, temores, etc. sobre la realidad.

La realidad se puede sintetizar en dos palabras: estamos preparados. En el BCE y en los bancos centrales nacionales del Eurosistema hemos realizado las pruebas internas y bilaterales necesarias para verificar que nuestros sistemas cumplen con los requisitos para afrontar el cambio de dígitos del milenio, que no el cambio de siglo que no llegará hasta el año 2001. Además, en el caso concreto del sistema de pagos TARGET que afecta a las entidades monetarias y financieras de Europa, está previsto celebrar mañana día 25 de septiembre una demostración de cumplimiento del efecto 2000 en la que participarán el BCE, los bancos centrales nacionales y cientos de entidades bancarias que, en gran parte, ya participaron en pruebas anteriores. Usando un anglicismo, podemos por tanto decir, con perdón, que nuestros sistemas son "Y2K cumplientes". Jugamos con la ventaja de que al comenzar 1999 ya superamos con éxito la transición al euro y tenemos alguna experiencia en este campo.

Claro está que hay factores externos al Eurosistema que no están bajo nuestro directo control. Tampoco ahí esperamos sorpresas y, lo que es más importante, si se produjeran tenemos las correspondientes soluciones de recambio para hacer frente a cualquier contingencia. Lo grave no es tener problemas sino no ser capaces de resolverlos. El mensaje de cara a los mercados y al público sólo puede ser, en conclusión, un mensaje de seguridad, confianza y tranquilidad. A veces, como hizo Homero, es mejor invitar a hacer oídos sordos a determinados cantos de sirenas provenientes de costas lejanas.

Los mercados están en su derecho a no aceptar este mensaje de tranquilidad. Si así fuera sepan que, en el caso concreto del Eurosistema, nuestros instrumentos de política monetaria están diseñados con tal grado de flexibilidad incorporada que son capaces de hacer frente sin medidas extraordinarias a cualquier aumento de liquidez que pudiera demandarse. Si el público quisiera más billetes (cualquier excusa es buena para "jugar" con los cajeros automáticos), se da la feliz circunstancia de que en el Eurosistema ya estamos inmersos en la producción de los futuros billetes de euro y, por lo tanto, disponemos de ingentes stocks de billetes de las antiguas monedas nacionales que estarán circulando hasta el año 2002.

Todas estas preparaciones están siendo, naturalmente, debidamente coordinadas mediante los correspondientes esquemas organizativos internos. Compartimos nuestra información con otras instituciones de fuera del BCE, particularmente el "Joint Year 2000 Council". Somos especialmente conscientes de que una adecuada comunicación con los mercados y con el público es lo más adecuado para disipar el temor y algo aun peor que el temor, que es el temor al temor.

El uso de dinero electrónico

Quisiera, a continuación, referirme al dinero electrónico, expresando la posición del BCE al respecto. Por supuesto, toda innovación que facilite la fluidez, la eficiencia y la seguridad en el uso del dinero en su función básica de medio de pago debe ser bien recibida. Si además, como es el caso de los países europeos, esta innovación permite aumentar el número de transacciones realizadas en euros, en vez de en los antiguos billetes nacionales, y facilitar los pagos transnacionales, se comprenderá fácilmente que el Eurosistema sea claramente favorable al desarrollo del dinero electrónico. Estoy personalmente convencido de que el dinero electrónico, que todavía está en una fase inicial de aceptación por el público, tenderá a desarrollarse exponencialmente en el futuro, especialmente debido a la posibilidad de efectuar pequeños pagos por bienes y servicios ofrecidos a través de Internet. Las tarjetas multiuso prepagadas o monederos electrónicos son, claramente, el futuro de los pequeños pagos.

Pero el dinero electrónico es dinero. Dinero prepagado si se quiere, pero dinero. Y el dinero y quienes tienen el poder de emitirlo deben estar sujetos a reglas en beneficio de todos. Por ello el BCE considera que deben cumplirse unos requisitos mínimos. Los emisores de dinero electrónico deben estar sujetos a supervisión prudencial. La emisión de dinero electrónico debe estar sujeta a una regulación legal sólida y transparente, a requerimientos de seguridad contra abuso criminal y a la obligación de facilitar información sobre estadísticas monetarias. Los emisores de dinero electrónico deben estar legalmente obligados a restituir a la par, a petición del titular del dinero electrónico, dicho dinero por dinero de curso legal. Debe existir la posibilidad de que el BCE pueda imponer el coeficiente de caja a todos los emisores de dinero electrónico.

Asimismo, el BCE ha identificado dos objetivos más cuya consecución considera deseable: la interoperatividad de los sistemas de dinero electrónico y la adopción de sistemas de garantías adecuados, seguros o acuerdos de reparto de pérdidas, que protejan a los titulares de dinero electrónico.

Sobre esta base, el BCE opina que la solución más sencilla sería restringir la emisión de dinero electrónico a las entidades de crédito, lo que evitaría tener que modificar el marco institucional vigente para la política monetaria y el negocio bancario.

Estas consideraciones se han tenido muy en cuenta en las propuestas de la Comisión Europea sobre las Directivas relativas a la creación, consolidación y supervisión prudencial del negocio de las entidades de dinero electrónico, así como al modificar la Primera Directiva de Coordinación Bancaria, extendiendo la consideración de instituciones de crédito a las entidades emisoras de dinero electrónico, lo que habilita al BCE para imponerles el coeficiente de caja. La Comisión Europea está finalizando una propuesta de Directiva a este respecto.

Innovación tecnológica y política monetaria

La innovación tecnológica no sólo permite la existencia de unos sofisticados sistemas de información y comunicación capaces de hacer posible la toma y puesta en práctica de las decisiones de política monetaria del BCE, el buen funcionamiento de TARGET y, en definitiva, la integración de los mercados monetarios europeos, como indicaba al comienzo de mi intervención, sino que, además, desde una perspectiva macroeconómica más general, puede afirmarse que la actual revolución tecnológica es un valioso aliado de la política monetaria en el cumplimiento de su objetivo prioritario de estabilidad de precios. Por ello pienso que, de la revolución tecnológica, la política monetaria y, por lo tanto, los mercados y el público sólo pueden derivar ventajas.

El encadenamiento lógico que subyace tras la anterior afirmación, si prescindimos de matices y detalles, puede expresarse con sencillez. La innovación tecnológica genera un incremento de la productividad que, a su vez, eleva el potencial de crecimiento del PIB de la economía, por lo que ésta puede acomodar aumentos adicionales de demanda sin causar tensiones inflacionistas. Desde la perspectiva de la estrategia de un banco central ello implicaría un desplazamiento al alza del valor del crecimiento de la cantidad de dinero compatible con la estabilidad de precios. La política monetaria habría ganado margen de actuación. La misma idea puede ser descrita desde otras perspectivas y con la ayuda de otros conceptos, como por ejemplo, afirmando que la innovación tecnológica y el aumento de productividad que le sigue reducen la llamada "NAIRU" (la tasa de desempleo no aceleradora de la inflación), o bien se puede también razonar afirmando que el aumento de productividad resultante de la innovación tecnológica permite aumentos adicionales de salarios sin riesgo para la estabilidad, puesto que las nuevas tecnológicas y la subsiguiente mayor productividad permiten mantener a raya los costes laborales unitarios aunque se incrementen los salarios.

La "paradoja de Solow"

En todo caso, la clave del anterior razonamiento está en la relación entre innovación tecnológica y aumento de la productividad, que a mí me parece obvia, pero que no debe serlo tanto cuando dicha relación ha dado lugar a la llamada paradoja de Solow, que puede resumirse en la conocida ocurrente afirmación del Premio Nobel de que "la era de los ordenadores puede verse en todas partes salvo en las estadísticas de productividad".[1]

Hay dónde elegir si se buscan posibles explicaciones a la paradoja de Solow.[2]

En primer lugar cabría pensar, sencillamente, que las estadísticas de productividad están mal hechas, idea nada original desarrollada por Baily y Gordon (1988), que yo personalmente, como miembro del Directorio del BCE directamente responsable de la Dirección de Estadística, me vería en la obligación corporativista de rechazar aunque tuviera alguna base. Cabria argüir, en segundo lugar, como hace Sichel (1997), que los ordenadores no están en todas partes, puesto que tampoco representan un porcentaje tan alto del stock de capital (sólo alrededor del 2% en Estados Unidos). En tercer lugar, hay quien piensa (David, 1990) que, al igual que sucedió con la invención del motor eléctrico hacia 1880, cuyos efectos en las estadísticas de productividad no se manifestaron hasta los años 20 del siglo XX, también deberá transcurrir una generación entera hasta que los sistemas de producción se aprovechen plenamente de la actual innovación tecnológica. Por ultimo, puede razonarse, como hace Gordon (1998), que "algo malo pasa con los ordenadores"[3] en el sentido de que muchas actividades del sector servicios son "inherentemente inmunes"[4] a los aumentos de productividad derivados de los ordenadores, debido fundamentalmente a que los ordenadores se tienen que interrelacionar con las personas, con los consiguientes desajustes. O sea que, corrigiendo a Gordon, debería decirse que "algo malo pasa con las personas en sus relaciones con los ordenadores".

Sin ánimo de eclecticismo, lo más probable es que todos estos argumentos expliquen en parte la paradoja de Solow, puesto que raramente un hecho complejo admite una única explicación. Bromas corporativistas aparte, lo cierto es que debemos mejorar las estadísticas en este campo y en muchos otros. Opino también que la actual revolución tecnológica, con ser impresionante, no hace palidecer a la que vivieron nuestros antepasados cuando, por ejemplo, empezaron a fabricar electricidad y a aplicarla a usos industriales. Pienso que las nuevas tecnologías no escapan a la ley de los rendimientos decrecientes. No necesito muchos argumentos para convencerme de que los humanos somos imperfectos. Y, finalmente, creo en el sentido común que me dice que si no fuera, entre otros factores, por el aumento de productividad asociado a la innovación tecnológica, nuestros bancos difícilmente hubieran podido compensar en el grado que lo han hecho en sus cuentas de resultados el estrechamiento de márgenes unitarios del sector.

Conclusión

Para concluir, enlazo con la última idea relativa al aumento de la productividad bancaria como efecto, entre otros factores, de la innovación tecnológica y como explicación de la absorción del efecto del estrechamiento de los márgenes bancarios en las cuentas de

resultados. La fuerza, ya lo sabemos, radica en la innovación tecnológica. Su efecto, también lo sabemos, tiene lugar sobre la productividad. Pero, ¿cuál es la correa de transmisión? Claramente, la competencia. Y, ¿quién es el ganador en este proceso? Sobre todo, el cliente bancario. Esta es, a mi modo de ver, la gran conclusión general a derivar: sin competencia, ni hay incentivos para innovar, ni la información sobre las nuevas tecnologías circula con fluidez, ni sus efectos benefician a amplias capas de la sociedad. Sin competencia, en cuatro palabras, se pierde el beneficio social de la innovación tecnológica.

Referencias y bibliografia

BAILY, Martin N. and GORDON, Robert J. (1988) «The Productivity Slowdown, Measurement Issues, and the Explosion of Computer Power», Brookings Papers on Economic Activity, 19, no. 2, pp. 347-420.

BCE (1999) «Efectos de la tecnología en los sistemas bancarios de la UE», Julio.

BRUNNER, Karl (1984) «Technological change: challenge and consequences», New Vistas 84' Symposium, Basel, Switzerland, 10-11 May en LYS, Thomas (Ed.), «Monetary Theory and Policy. The Selected Essays of Karl Brunner», Volume Two, Edward Elgar, 1997, pp. 168-197.

DAVID, Paul A. (1990) «The Dynamo and the Computer: An Historical Perspective on the Modern Productivity Paradox». American Economic Review, 80, May, pp. 355-361.

ECB (1998) «Report on electronic money», August.

GORDON, Robert J. (1998) «Monetary Policy in the Age of Information Technology: Computers and the Solow Paradox», IMES, Bank of Japan, Eighth International Conference, June 18-19, Mimeo.

PEREZ, Francisco; MAUDOS, Joaquín y PASTOR, José Manuel (1999) «Sector Bancario Española (1985-1997) Cambio estructural y competencia», Cap. IV «La productividad bancaria y sus factores determinantes», Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas. Caja de Ahorros del Mediterráneo, pp. 137-171.

SICHEL, Daniel E. (1997) «The Computer Revolution: An Economic Perspective», Brookings Institution, Washington.

SOLOW, Robert M. (1987) «We'd Better Watch Out», New York Times Book Review, July 12, p. 36.



[1] Solow, Robert M. (1987), p. 36.

[2] Sigo a Gordon, Robert J. (1998), pp. 4-7

[3] Gordon, Robert J. (1998), p.5

[4] Gordon, Robert J. (1998), p.5

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