Entrevista con Expansión

Entrevista de Peter Praet, miembro del Comité Ejecutivo del BCE, realizada por Andrés Stumpf Guirao el 27 de marzo de 2017 y publicada el 3 de abril de 2017

El crecimiento en Europa es mayor, la inflación crece, la situación es mejor, ¿no?

Sí, hace cosa de un año tuvimos el shock de los mercados emergentes. Entonces, apareció un gran riesgo a la baja para la economía mundial y los miembros del G20 señalaron en un comunicado que usarían todos los instrumentos a su alcance para apoyar a la economía. En Estados Unidos, la Fed paró las subidas de tipos y en la zona del euro, el Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo decidió aumentar en mayor medida la relajación monetaria. Esta reacción coordinada fue muy positiva en todo el mundo. En la zona del euro, la economía está cobrando impulso. Esta mejoría se ve claramente en los indicadores de confianza, pero todavía debe ser confirmada por los datos.

¿Ha ganado el BCE la batalla a la deflación al fin?

Sí, se ha conseguido. Desde la crisis hemos tenido varios momentos de seria preocupación en cuanto a los riesgos deflacionistas en la zona del euro, pero ahora se puede decir que han desaparecido.

¿Y se ha pasado a los miedos inflacionistas?

No, no lo creo. Lo que ha repuntado es la inflación general, muy determinada por elementos volátiles como el petróleo y los alimentos. La inflación subyacente, la que marca la estabilidad de precios en el medio plazo, sigue presionada.

En España el IPC se ha situado en el 3% tres meses y en marzo ha bajado hasta el 2,1%, ¿cómo valora esta evolución?

Siempre hacemos abstracción de las variaciones transitorias de la inflación medida por el IAPC en la zona del euro. En España, al igual que en el conjunto de la zona del euro, las presiones subyacentes sobre los precios siguen siendo contenidas.

¿No es el momento de retirar los estímulos?

Confiamos en que los datos, y no solo los indicadores de confianza, reflejarán la recuperación. Tenemos más confianza en las perspectivas para la economía. Los datos más recientes incrementan nuestra confianza en que la expansión económica en curso seguirá fortaleciéndose y generalizándose. Pero la pregunta importante es si el ajuste de la senda de inflación hacia niveles inferiores, aunque próximos, al 2% se mantendría sin nuestra política monetaria expansiva. A día de hoy hay que decir que no, pero está claro que el tono de nuestra comunicación ha cambiado, ahora somos más optimistas en relación con las perspectivas económicas. Por tanto, la orientación de nuestra política monetaria sigue siendo apropiada. Lógicamente, tenemos la obligación de evaluar continuamente la idoneidad de esta orientación.

Pero a partir de abril el BCE comprará 20.000 millones menos de deuda, ¿es el primer paso del fin de las compras?

En diciembre de 2016, decidimos pasar de un volumen mensual de 80.000 millones de euros a uno de 60.000 millones y prorrogar el programa otros nueve meses hasta diciembre de 2017. El Consejo de Gobierno del BCE consideró dos opciones y concluyó que ambas —seguir seis meses a un volumen de 80.000 millones o nueve meses a 60.000 millones— tendrían un impacto muy similar para la economía. En conjunto, nuestra presencia en el mercado aseguraría una transmisión más duradera de nuestras medidas de estímulo. Este ajuste no señala el comienzo de una retirada progresiva de las compras (tapering).

El programa está sufriendo ciertas distorsiones sobre la clave de capital, ¿es sostenible?

El volumen de compras depende del porcentaje de la contribución de cada país al capital del BCE. Se pueden producir desviaciones temporales, pero la clave de capital sigue siendo el criterio para la asignación de nuestras compras y lo cumpliremos. En el pasado siempre hemos mostrado que siempre que se hace necesario actuar, lo hacemos. En este sentido, en diciembre modificamos la restricción por vencimiento de los bonos que podíamos comprar. La intención es llevar a cabo las compras hasta que acabe el año y no tenemos duda de que podremos hacerlo.

¿Implica eso entonces modificar otras condiciones?

No está previsto, pero en cualquier momento el consejo de Gobierno podría.

¿Hemos visto ya el techo de la política monetaria expansiva?

El Consejo de Gobierno reiteró en su última reunión que “seguimos esperando que los tipos se mantengan en los niveles actuales, o en niveles inferiores, durante un período prolongado que superará con creces el horizonte de nuestras compras netas de activos” y que, si fuera necesario, “estamos preparados para ampliar el volumen y/o la duración de nuestro programa de compras de activos”. Por tanto, aunque podemos ser aún más expansivos, la probabilidad de que tengamos que ofrecer más acomodación monetaria para cumplir nuestro objetivo se ha reducido considerablemente.

¿En qué punto se encuentra Europa en el proceso de unión bancaria?

Estamos algo más allá de la mitad del camino. Hay que diferenciar. En el ámbito de la regulación y la supervisión bancaria hemos hecho grandes progresos. Es en lo que respecta a la resolución de crisis, es decir, a cómo se actúa cuando un banco cae, donde todavía nos queda mucho por hacer.

¿A qué se refiere?

Si un banco no puede rescatarse a sí mismo a través de sus inversores (bail-in) por cuestiones de estabilidad financiera, es la autoridad nacional la que a día de hoy sigue respondiendo (bail-out). El sistema es asimétrico porque la supervisión bancaria es ahora europea, pero la factura en caso de quiebras bancarias sigue siendo en gran medida nacional. Completar la unión bancaría ayudaría a los bancos a desarrollar su estrategia transfronteriza.

¿Y contar con este tipo de entidades es beneficioso, o añadiría más riesgo sistémico?

Vamos al ejemplo. Si España no hubiera tenido dos grandes bancos internacionales, si todo el sector hubiera estado expuesto únicamente al mercado español, la crisis hubiera sido muchísimo más dura. Necesitamos bancos transfronterizos a nivel europeo. En una unión monetaria, mutualizar el riesgo del sector privado mediante bancos y mercados de capitales transfronterizos es esencial para amortiguar perturbaciones macroeconómicas asimétricas. El riesgo sistémico no aumentaría ya que el respaldo público en caso de quiebra bancaria no sería nacional sino europeo.

Hay un debate abierto en ese sentido...

En efecto, pero las dudas no están en si debe hacerse o no, sino en cómo y cuándo debe llevarse a cabo. Algunos países piensan que los riesgos de los bancos deben reducirse primero y mutualizarse después, pero nosotros apostamos por avanzar paralelamente en ambas vías. Lo que falta ahora es un horizonte claro, el compromiso político de que en unos cuatro o cinco años se llevará a cabo la unión bancaria. Tenemos que finalizar lo que hemos empezado y un calendario claro ayudaría a los bancos a desarrollar estrategias transfronterizas.

Tras el episodio de Italia en noviembre del año pasado, ¿sigue vivo el bail-in?

Las normas europeas permiten flexibilidad por razones de estabilidad financiera en condiciones bien definidas. Sin referirme específicamente al caso de Italia, lo que tiene que quedar claro es que cuando se interviene de esta forma, las autoridades deben asegurarse de que el banco pasa por un proceso de reestructuración efectiva que garantice su viabilidad duradera. Esto es clave para generar la confianza necesaria para poder seguir avanzando juntos en el proceso de la unión bancaria.

¿Cuál es la situación de los bancos españoles?

Creo que han hecho un esfuerzo tremendo y han mejorado muchísimo. El nivel de préstamos dudosos ha caído por debajo del 7%, que sigue siendo un nivel alto, pero que es ciertamente manejable. Aun así, aún queda espacio para una mayor consolidación porque sus ratios de costes, si bien no son las más altas de la zona del euro, siguen siendo demasiado elevadas. La rentabilidad sigue siendo débil, aunque hay grandes diferencias entre cada uno de los bancos. Es necesaria una mayor consolidación, pero preservar la diversidad del sistema bancario, con bancos grandes y bancos locales, continúa siendo importante.

Las entidades responsabilizan a los tipos bajos de su menor rentabilidad.

Es cierto, pero al mismo tiempo también reconocen los efectos positivos de los tipos bajos en la mejora de las condiciones económicas y la necesidad de cambiar los modelos de negocio y de reducir costes. Con el tiempo, la recuperación económica apoyará cada vez más la rentabilidad de los bancos.

El tipo de depósito seguirá bajo, pero han acabado ya las macrosubastas de liquidez (TLTROs) que ayudaban a los bancos.

Los bancos se han beneficiado mucho, las subastas han recibido un importante volumen. La transmisión de los estímulos del BCE a través de los bancos está funcionando bien ahora. Las condiciones de los préstamos han mejorado lo suficiente, por lo que no es necesario renovar las TLTRO por el momento.

Sobre la secuencia de normalización monetaria.

La actual secuencia de normalización monetaria tiene una lógica muy fuerte. No existe un número, un tiempo en meses o algo así, que determine cuándo se subirán los tipos tras retirar las compras de deuda. Eso se hará en función de la evaluación del BCE. Dependerá de la situación en la que nos encontremos.

Sobre el tipo de depósito.

El tipo de depósito es el tipo clave de la política monetaria. Lo que ahora mismo determina las condiciones monetarias, y lo que finalmente determina toda la curva del activo libre de riesgo, es el tipo de depósito. Cualquier cambio en la comunicación sobre el tipo de depósito, si el mercado la recibe, podría cambiar la política monetaria, y no queremos eso ahora. 

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