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  • Integración europea

    Avance de la integración europea

    La Unión Europea (UE) que conocemos actualmente tiene su origen en la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA), establecida en 1952 por seis países fundadores —Bélgica, Alemania, Francia, Italia, Luxemburgo y Países Bajos— con el propósito de lograr una paz duradera excluyendo de la soberanía nacional dos recursos decisivos (carbón y acero) para las guerras mundiales.

    Ante el éxito de su iniciativa, estos mismos países decidieron poco después integrar otros sectores de sus economías, como la agricultura, con el objetivo de eliminar barreras comerciales y constituir un mercado común. En 1958, estos seis países crearon la Comunidad Económica Europea (CEE) y la Comunidad Europea de la Energía Atómica (Euratom). En 1967 las instituciones de estas tres Comunidades se refundieron. Con el paso del tiempo, otros países europeos se fueron incorporando a las Comunidades Europeas (CE) o, desde el Tratado de Maastricht (1993), a la Unión Europea en diversos procesos de adhesión.

    El Tratado de Lisboa entró en vigor el 1 de diciembre de 2009, y modifica diversas disposiciones del Tratado de la Unión Europea (Maastricht) y del Tratado constitutivo de la Comunidad Europea (Roma). En él se establece un nuevo marco institucional para lograr que la Unión Europea sea más democrática, transparente y eficaz; asimismo, pretende dar mayor impacto, coherencia y visibilidad a la acción de la UE en la escena mundial.

    En este contexto, la integración debe entenderse como la adopción conjunta de decisiones por parte de los países, mediante la aprobación de «políticas» relativas a asuntos tan diversos como la agricultura y la cultura, la defensa de los consumidores y la competencia, o la energía, el transporte y el comercio.

    Aunque el establecimiento del Mercado Único culminó formalmente a finales de 1992, aún es necesario seguir avanzando en ciertas áreas como, por ejemplo, la creación de un mercado verdaderamente único para los servicios financieros.

    Fuente: www.europa.eu

    Para más información sobre el Tratado de Lisboa, véase http://europa.eu/lisbon_treaty

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  • La integración europea

    La ampliación de la Unión Europea

    1952: Bélgica, Alemania, Francia, Italia, Luxemburgo y Países Bajos

    El primer paso en la integración europea se dio en 1952 cuando seis países crearon un mercado común del carbón y del acero. En el período que siguió a la Segunda Guerra Mundial, el objetivo consistía en asegurar la paz entre las naciones de Europa. Este mercado les permitía colaborar en igualdad de condiciones dentro de instituciones comunes.

    1973: Dinamarca, Irlanda y Reino Unido

    La primera ampliación, de seis a nueve miembros, tuvo lugar en 1973, cuando Dinamarca, Irlanda y Reino Unido decidieron integrarse en las Comunidades. Al mismo tiempo, las Comunidades asumieron nuevas funciones e introdujeron nuevas políticas sociales, regionales y medioambientales.

    1981 y 1986: Grecia, España y Portugal

    Grecia se incorporó a las Comunidades en 1981, seguida de España y Portugal en 1986. Se establecieron programas estructurales, como los primeros Programas Integrados Mediterráneos (PIM), encaminados a reducir las diferencias de desarrollo económico entre los entonces 12 Estados miembros.

    1995: Austria, Finlandia y Suecia

    Tres países se integraron en la UE el 1 de enero de 1995.

    2004: República Checa, Estonia, Chipre, Letonia, Lituania, Hungría, Malta, Polonia, Eslovenia y Eslovaquia

    La adhesión de 10 países el 1 de mayo de 2004 constituyó la mayor ampliación de la historia de la UE.

    2007: Bulgaria y Rumanía

    Desde el 1 de enero de 2007, fecha de la adhesión de Bulgaria y Rumanía, la UE cuenta con 27 Estados miembros.

    2013 Croacia

    Croacia se convirtió en el vigesimoctavo Estado miembro de la Unión Europea el 1 de julio de 2013, tras la firma de su Tratado de Adhesión en diciembre de 2011 y su ratificación por todos los Estados miembros y la propia Croacia.

    Países candidatos

    Actualmente son países candidatos Islandia, la antigua República Yugoslava de Macedonia, Montenegro, Serbia y Turquía, mientras que Albania, Bosnia y Herzegovina, y Kosovo[1] son países candidatos potenciales.

    Fuente: www.europa.eu.


    [1] Conforme se define en la Resolución 1244 de 10 de junio de 1999 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

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  • Integración europea

    Los preparativos para la Unión Económica y Monetaria

    En la década de los sesenta, en un contexto de progreso hacia la integración económica europea, surgió la idea de crear una moneda única.

    Sin embargo, los tratados aún no contemplaban la posibilidad de introducir una moneda única en la Comunidad Económica Europea (CEE). Asimismo, en aquel momento, los seis países que integraban la CEE formaban parte de un sistema monetario internacional, el «sistema de Bretton Woods», que funcionaba razonablemente bien y que establecía un régimen de paridades fijas, aunque ajustables, entre las monedas, que se mantuvo relativamente estable hasta mediados de los sesenta tanto en la CEE como a nivel mundial.

    En 1969, la Comisión Europea presentó el «Plan Barre», con el objetivo de ahondar en la idea de una moneda única, debido a que el sistema de Bretton Woods mostraba signos cada vez más claros de rigidez. Sobre la base del Plan Barre, los Jefes de Estado o de Gobierno invitaron al Consejo de Ministros a delinear una estrategia para la creación de la Unión Económica y Monetaria (UEM). El resultado fue el Informe Werner, publicado en 1970, que proponía la creación de la UEM en varias fases antes de 1980. Sin embargo, este proceso perdió impulso en el contexto de considerable inestabilidad de los mercados internacionales de divisas que siguió al colapso del sistema de Bretton Woods a principios de los setenta, y a causa de la presión generada por políticas divergentes encaminadas a afrontar las perturbaciones económicas de la época y, particularmente, la primera crisis del petróleo.

    Para contrarrestar esta inestabilidad y la consiguiente volatilidad de los tipos de cambio, los nueve miembros de la CEE[1] reactivaron el proceso de cooperación monetaria con la creación, en marzo de 1979, del Sistema Monetario Europeo (SME). Su principal característica era el mecanismo de tipos de cambio (MTC), mediante el que se definían paridades fijas, aunque ajustables, entre las monedas de los países de la CEE. Por tanto, resultó necesario ajustar las políticas monetarias y económicas, en cuanto que constituyen herramientas para la estabilidad del tipo de cambio. En el marco del SME, los participantes lograron crear una zona de creciente estabilidad monetaria y relajar progresivamente los controles de capital.

    La adopción del Acta Única Europea en 1986 representó un nuevo estímulo hacia la moneda única y la UEM. En ella se establecía un calendario para la creación del mercado único y se reafirmaba la necesidad de la creación de la UEM.

    En 1988, el Consejo Europeo confirmó el objetivo de crear la UEM e invitó a un comité de expertos en política monetaria, integrado por los gobernadores de los bancos centrales de los países de la Comunidad Europea, a que propusiera medidas específicas conducentes al establecimiento de la UEM.

    El resultado fue el Informe Delors, que recomendaba que la UEM se alcanzase en tres fases. Quedaba por establecer aún el marco jurídico de la UEM. Sobre la base del informe se celebraron diversas negociaciones, que concluyeron el 7 de febrero de 1992 con la firma del Tratado de la Unión Europea en Maastricht. En virtud de este tratado, se constituyó la Unión Europea (UE) y se modificaron los tratados fundacionales de las Comunidades Europeas añadiendo un nuevo capítulo dedicado a la política económica y monetaria, que sentaba las bases de la UEM y determinaba un procedimiento y un calendario para su creación.


    [1] Bélgica, Dinamarca, Alemania, Irlanda, Francia, Italia, Luxemburgo, Países Bajos y Reino Unido.

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  • Integración europea

    Las tres fases de la Unión Económica y Monetaria

    La primera fase de la Unión Económica y Monetaria (UEM) comenzó el 1 de julio de 1990 y se caracterizó, fundamentalmente, por el desmantelamiento de las barreras internas a la libre circulación de bienes, personas, servicios y capitales entre los Estados miembros de la UE.

    La segunda fase se inició con el establecimiento del Instituto Monetario Europeo (IME), precursor del Banco Central Europeo (BCE), el 1 de enero de 1994. Durante esta fase se realizaron los preparativos técnicos para la introducción de la moneda única, la aplicación de la disciplina presupuestaria y la mejora de la convergencia de las políticas económicas y monetarias de los Estados miembros de la UE. El BCE fue creado el 1 de junio de 1998, y dedicó el resto del año a poner en práctica los trabajos preparatorios realizados por el IME.

    La tercera fase comenzó el 1 de enero de 1999 con la fijación irrevocable de los tipos de cambio entre las monedas de los once Estados miembros que participaban inicialmente en la UEM, y la adopción del euro como moneda única. A partir de esa fecha, el Consejo de Gobierno del BCE asumió la tarea de dirigir la política monetaria única de la zona del euro. Anteriormente, en mayo de 1998, el Consejo de la UE, reunido en su composición de Jefes de Estado o de Gobierno, confirmó que once de los quince Estados miembros de la UE (Bélgica, Alemania, Irlanda, España, Francia, Italia, Luxemburgo, Países Bajos, Austria, Portugal y Finlandia) cumplían los criterios necesarios para la adopción de la moneda única. El 1 de enero de 2001, Grecia se incorporó a la zona del euro.

    La transición hacia el euro finalizó el 1 de enero de 2002 con la introducción de los billetes y monedas en euros. Eslovenia se convirtió en el decimotercer miembro de la zona en enero del 2007. Chipre y Malta se incorporaron el 1 de enero de 2008, Eslovaquia lo hizo el 1 de enero de 2009 y Estonia, el 1 de enero de 2011.

    Puede obtenerse más información acerca de las tres fases de la UEM en la dirección: www.ecb.europa.eu/ecb/history/emu/html/index.es.html

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  • Integración europea

    Los criterios de convergencia

    Convergencia y Unión Económica y Monetaria

    La zona del euro es el área monetaria establecida en 1999 por once de los quince Estados miembros que en aquel momento integraban la UE, y cuenta con una población de más de 300 millones de habitantes. En aquel año, las competencias relativas a la política monetaria se transfirieron al Eurosistema[1], encabezado por un organismo supranacional, el BCE. No obstante, los Estados miembros que participan en la zona del euro siguen siendo responsables de sus políticas económicas, de conformidad con un marco europeo.

    En este contexto, era importante que todos los Estados miembros se esforzasen por lograr una convergencia sostenible, a fin de crear un entorno de estabilidad de precios en Europa. Las políticas económicas nacionales contribuyeron a que la situación económica del conjunto de la zona del euro fuera más homogénea. La introducción fluida del euro fue posible gracias a la convergencia de una serie de características económicas de los países interesados hacia los mejores indicadores de referencia existentes. La convergencia económica simplifica la tarea de la política monetaria, es decir, el mantenimiento de un nivel de precios estable en la zona del euro, contribuyendo, con ello, a un crecimiento no inflacionista. Los Estados miembros de la UE que adopten el euro en el futuro estarán también obligados a garantizar la convergencia de sus economías con la de la zona del euro.

    Criterios de convergencia

    A fin de garantizar una convergencia sostenible, el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea (Tratado de Lisboa, TFUE) establece los criterios que los Estados miembros de la UE deben cumplir para poder participar en la tercera fase de la Unión Económica y Monetaria (UEM):

    • el Estado miembro no debe ser objeto de una decisión del Consejo relativa a la existencia de un déficit presupuestario excesivo;
    • el Estado miembro deberá tener un grado sostenible de estabilidad de precios y una tasa promedio de inflación, observada durante un período de un año antes del examen, que no exceda en más de un 1,5% la de los tres Estados miembros con mejor comportamiento en materia de estabilidad de precios;
    • el Estado miembro deberá tener un tipo promedio de interés nominal a largo plazo que no exceda en más de un 2% el de los tres Estados miembros con mejor comportamiento en materia de estabilidad de precios;
    • el Estado miembro deberá observar, sin tensiones graves y durante por lo menos los dos años anteriores al examen, los márgenes normales de fluctuación dispuestos por el mecanismo de tipos de cambio; y
    • el Estado miembro deberá garantizar la compatibilidad de la legislación nacional, incluidos los estatutos de su banco central nacional (BCN), con los artículos 130 y 131 del Tratado y con los Estatutos del Sistema Europeo de Bancos Centrales (SEBC). Esta obligación que se aplica a los Estados miembros acogidos a excepción también se denomina «convergencia legal».

    Los criterios de convergencia se establecieron con el propósito de garantizar el equilibrio del desarrollo económico de la UEM, evitando tensiones entre los Estados miembros de la UE. Es preciso recordar que los criterios relativos al déficit público y a la deuda pública deben seguir cumpliéndose una vez iniciada la tercera fase de la UEM el 1 de enero de 1999. A tal efecto, el Consejo Europeo de Ámsterdam adoptó el Pacto de Estabilidad y Crecimiento en junio de 1997.

    Puede obtenerse más información acerca de los criterios de convergencia en la dirección: www.ecb.europa.eu/ecb/orga/escb/html/convergence-criteria.es.html


    [1] El Eurosistema es el sistema de bancos centrales de la zona del euro. Comprende el Banco Central Europeo y los bancos centrales nacionales de los Estados miembros que adoptaron el euro en la tercera fase de la Unión Económica y Monetaria.

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  • Integración europea

    La Unión Económica y Monetaria (UEM)

    La UEM en 2013

    De los veintiocho Estados miembros que componen actualmente la UE, diecisiete –Bélgica, Alemania, Estonia, Irlanda, Grecia, España, Francia, Italia, Chipre, Luxemburgo, Malta, Países Bajos, Austria, Portugal, Eslovenia, Eslovaquia y Finlandia– han adoptado el euro, es decir, participan plenamente en la tercera fase de la UEM. Dos Estados miembros, Dinamarca y Reino Unido, están acogidos a un régimen especial, lo que significa que en los protocolos anexos al Tratado constitutivo de la Comunidad Europea (Tratado de la CE) se les otorga el derecho excepcional a decidir si desean participar en la tercera fase de la UEM, o bien mantenerse al margen. Ambos Estados miembros comunicaron al Consejo de la UE (Dinamarca en 1992 y Reino Unido en 1997) su intención de no incorporarse a la tercera fase, es decir, de no participar, por el momento, en la zona del euro. El resto de países de la UE se consideran actualmente acogidos a una «excepción». Estar acogido a una excepción significa que el Estado miembro no cumple aún los requisitos necesarios para la adopción del euro y, en consecuencia, algunas disposiciones —aunque no todas— generalmente aplicables a los Estados miembros desde el principio de la tercera fase de la UEM no rigen en ese Estado. Entre estas disposiciones se incluyen las referentes a la transferencia de competencias en materia de política monetaria al Consejo de Gobierno del BCE.

    Criterios de convergencia

    Los países que deseen adoptar el euro deben alcanzar un alto grado de «convergencia sostenible», que se evalúa de acuerdo con los criterios establecidos en el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea (véase «Criterios de convergencia»).

    Informe de convergencia

    Una vez cada dos años, como mínimo, o a petición del Estado miembro interesado, la Comisión Europea y el BCE informan al Consejo de la UE sobre los progresos realizados por los «Estados miembros acogidos a una excepción». Estos informes examinan la consecución de un alto grado de convergencia sostenible, atendiendo al grado de cumplimiento de los criterios de convergencia por cada uno de los Estados miembros.

    Asimismo, estos informes incluyen un examen del grado de compatibilidad de la legislación de los Estados miembros, incluidos los estatutos de su banco central, con las disposiciones contenidas en el Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea en relación con la independencia de los bancos centrales nacionales.

    Los «Informes de Convergencia» también toman en consideración la integración de los mercados, la situación y evolución de la balanza de pagos por cuenta corriente y la evolución de los costes laborales unitarios y otros índices de precios.

    A propuesta de la Comisión y previa consulta al Parlamento Europeo, y una vez debatida la cuestión en el Consejo de la UE, en su composición de Jefes de Estado o de Gobierno, el Consejo de Asuntos Económicos y Financieros decide, por mayoría cualificada, qué Estados miembros acogidos a una excepción cumplen los criterios de convergencia, y suprime las excepciones de los Estados miembros de que se trate, lo que significa que pueden incorporarse a la zona del euro.

    Convergence criteria
    Convergence reports

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  • Integración europea

    Los beneficios del euro

    La moneda única puede considerarse un paso lógico hacia la consecución del mercado único. Sus beneficios son los siguientes:

    Tipos de interés bajos debido al alto grado de estabilidad de precios

    La ejecución de la política monetaria única por el Eurosistema ha sido un éxito. El euro es tan estable como las monedas que mostraban mejor comportamiento de entre las utilizadas anteriormente en los países de la zona del euro, lo que ha creado un entorno de estabilidad de precios, que ejerce una influencia moderadora en la fijación de precios y salarios. En consecuencia, las expectativas de inflación y las primas de riesgo de inflación se han mantenido en niveles bajos y estables e, incluso en el actual entorno de gran dificultad, la estabilidad de precios en la zona del euro no se ha visto amenazada.

    Mayor transparencia de los precios

    En todos los países de la zona del euro puede utilizarse la misma moneda, lo que facilita los desplazamientos entre ellos. La transparencia de precios resulta beneficiosa para los consumidores que, con solo comparar números, pueden saber qué proveedor de la zona ofrece el mejor precio para, por ejemplo, adquirir un coche. Por tanto, la transparencia de precios fruto de la moneda única ayuda al Eurosistema a controlar la inflación. Por último, la intensificación de la competencia permite un uso más eficiente de los recursos disponibles, lo que constituye un estímulo para el comercio dentro de la zona del euro y, en consecuencia, fomenta el empleo y el crecimiento.

    Eliminación de los costes de transacción

    Con la adopción del euro el 1 de enero de 1999, se eliminaron los costes de transacción de las operaciones en moneda extranjera en la zona del euro, lo que supone un ahorro considerable, por cuanto que desaparecieron los costes relacionados con:

    • la compraventa de moneda extranjera en el mercado de divisas;
    • la protección frente a una evolución adversa de los tipos de cambio;
    • los pagos transfronterizos en moneda extranjera, a los que se aplicaban comisiones elevadas;
    • el mantenimiento de cuentas en varias monedas, lo que dificulta su gestión.

    Desaparición de las fluctuaciones del tipo de cambio

    En el espacio monetario creado con la introducción del euro han desaparecido las fluctuaciones del tipo de cambio; además, los costes y los riesgos asociados a este aspecto han dejado de representar un obstáculo para los intercambios comerciales y la competencia entre países.

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  • Integración financiera de la zona del euro

    Antes de la adopción del euro, los sistemas financieros se organizaban con una perspectiva nacional, en torno a su propia moneda. El Mercado Único y, sobre todo, la introducción del euro han propiciado inevitablemente una interconexión de esos sistemas. Pese a las dificultades más recientes, los mercados financieros, por ejemplo los mercados monetarios, están más integrados que antes del euro, al igual que sus infraestructuras financieras conexas, como los sistemas de pago. Asimismo, el euro ha alentado a las instituciones financieras a unir sus fuerzas en distintos países, ya sea mediante fusiones o estableciendo sucursales en el extranjero.

    En muchos casos, la vinculación inicial ha cristalizado en una integración plena. Por ejemplo, los quince sistemas nacionales de grandes pagos que se interconectaron inicialmente en 1999 para formar la plataforma TARGET fueron sustituidos en 2008 por un sistema técnicamente centralizado mucho más eficiente denominado TARGET2. Todavía queda trabajo por hacer en ciertos ámbitos, por ejemplo, en lo que se refiere a la armonización de las diversas modalidades de transferencia de valores del comprador al vendedor en los distintos países de Europa. Esto es lo que conseguirá TARGET2-Securities.

    Beneficios económicos generales de la integración europea

    El sistema financiero más amplio y cada vez más integrado establecido en la zona del euro permite a particulares y empresas obtener mayores beneficios de las economías de escala y de alcance. Los hogares pueden acceder a una variedad más amplia de productos financieros, como los préstamos hipotecarios para la compra de vivienda, a un coste más bajo. La integración financiera incrementa el potencial del crecimiento económico.

    Razones por las que la integración financiera es importante para las funciones del BCE

    • El sistema financiero es importante para la ejecución de la política monetaria en la zona del euro, que es la función básica asignada al Eurosistema. Un sistema financiero bien integrado facilita la ejecución fluida de la política monetaria y la transmisión equilibrada de sus efectos a toda la zona.
    • También contribuye a la estabilidad financiera al crear mercados de mayor tamaño, más líquidos y competitivos, que ofrecen mayores posibilidades de diversificación de los riesgos.
    • La integración financiera es fundamental para la tarea del Eurosistema de promover el buen funcionamiento de los sistemas de pago, que a su vez es esencial para la seguridad y la eficiencia de los sistemas de compensación y liquidación de valores.

    Actividades del BCE

    El BCE contribuye a la integración financiera mediante cuatro tipos de actividades:
    1. brinda asesoramiento sobre el marco legislativo y regulador del sistema financiero y sobre la adopción directa de disposiciones legales;
    2. actúa como catalizador de la integración financiera: el BCE, conjuntamente con la Comisión Europea, orienta y presta apoyo a los mercados en lo relativo a la Zona Única de Pagos en Euros (SEPA) para pequeños pagos. El objetivo de la SEPA es que los pequeños pagos electrónicos en euros entre los países europeos puedan hacerse con la misma rapidez, coste y seguridad con que los pagos nacionales se realizan actualmente. Para lograrlo, se están eliminando obstáculos técnicos, legales y de mercado y se están introduciendo instrumentos, prácticas y normas de pago comunes;
    3. promueve el conocimiento, fomenta una mayor concienciación sobre la importancia de la integración financiera en Europa, y realiza un seguimiento de ese proceso; el BCE publica un informe anual sobre la integración financiera en Europa, basado en un conjunto muy amplio de estadísticas; y
    4. presta servicios de banca central que también promueven la integración financiera, como TARGET2 y el futuro TARGET2-Securities.

    TARGET2 es la primera infraestructura de mercado completamente integrada y armonizada a escala europea. Ha eliminado la situación fragmentada que existía anteriormente y procesa más de 350.000 pagos al día, por un importe medio total de 2,4 billones de euros diarios. En 2012, el importe medio de un pago TARGET fue de 7,1 millones de euros.

    Unas 1000 entidades de 24 países europeos son participantes directas de TARGET2, que a su vez dan acceso a muchas otras entidades, de forma que unas 60.000 entidades de todo el mundo pueden enviar y recibir pagos a través de TARGET2.

    Al igual que existen sistemas de pago para transferir dinero, existen también sistemas para la transferencia de valores.

    TARGET2-Securities (T2S), cuya implantación está prevista para 2015, será uno de estos servicios.

    La futura plataforma informática T2S, de la que el Eurosistema será propietario, creador y gestor, permitirá la liquidación en dinero de banco central de casi todos los valores negociados en Europa. El objetivo fundamental del proyecto T2S es ayudar a hacer de Europa un lugar mejor para invertir. Integrará y armonizará la muy fragmentada infraestructura europea de liquidación de valores y tratará de reducir los costes de liquidación transfronteriza de valores en Europa, así como de aumentar la competencia entre los proveedores de servicios posteriores a la contratación. También permitirá que los participantes en los mercados ahorren importantes activos de garantía.

    Asimismo, el BCE gestiona un marco denominado MCBC, creado para permitir desde 1999 a todas las entidades de crédito de la zona del euro presentar valores como garantía de crédito intradía en TARGET2 o en las operaciones de política monetaria del Eurosistema con independencia del país de la zona del euro en que hayan sido emitidos.

    Report "Financial integration in Europe"
    SEPA
    TARGET2
    TARGET2-Securities
    CCBM

    EI.002 07/13

  • Integración europea

    Principales características de la zona del euro

    Antes del establecimiento de la unión monetaria, las economías de los países que actualmente componen la zona del euro eran relativamente pequeñas y abiertas. En cambio, la zona del euro constituye una economía de gran tamaño mucho más autosuficiente, comparable, por sus dimensiones, a Estados Unidos.

    En términos de población, la zona del euro es una de las economías desarrolladas más grandes del mundo, con 333 millones de habitantes en 2012, frente a los 314 millones de Estados Unidos y a los 128 de Japón.

    En cuanto a su participación en el producto interior bruto (PIB) mundial, en 2012, la zona del euro fue la segunda unión monetaria más importante del mundo, con un 13,7%, detrás de Estados Unidos con un 18,9%. La participación de Japón fue del 5,6%.

    El grado de apertura de la zona del euro es muy inferior al de la economía de cada uno de los países que la integran, lo que tiende a limitar la repercusión de las fluctuaciones de los precios externos sobre los precios internos. Con todo, la zona del euro es más abierta que Estados Unidos o Japón. En 2012, las exportaciones de bienes y servicios de la zona, en porcentaje del PIB, fueron notablemente superiores (26,8%) a las de Estados Unidos (14,1%) y Japón (15,4%).

    Fuentes: BCE, Eurostat, datos nacionales y cálculos del FMI y del BCE, para la zona del euro y la UE; datos nacionales y FMI, para Estados Unidos y Japón.

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